jueves, 15 de octubre de 2009

Me congelo.

Desde hace casi una semana, un viento helado sacude Ginebra y vayas donde vayas te crujen los huesos. Y suerte que ni yo soy friolera ni estamos en pleno invierno...
Según me dijo Stella, este viento se llama Besier, o lo que es lo mismo, Beso en cristiano.
Stella es una chica que tiene, atención amigos, triple nacionalidad. Triple!
Es española (por tener madre alicantina), italiana (por tener padre del norte de Italia) y Suiza después de haber nacido en Ginebra y superar, a la edad de 10 años, los exámenes pertientes de nacionalización. No está mal ¿eh?
Pues esta chica, a la que doy crédito en sus conocimientos eólicos sobre la ciudad, me dijo que el viento helado así se llama.
Beso. Vaya tela...
La verdad, no sé a quien se le ocurrió llamar así a un viento que te congela.
Caminar apretando los dientes no me hace pensar, precisamente, en el bienestar que produce recibir besos. Será que el frío no me inspira o que no malgastaría una palabra así con un viento tan traidor, por muy bonito que quede o por mucho que haya besos que también te dejen congelado.

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