Mi primer fin de semana en Nueva Zelanda y resulta que es de tres días.
Como los kiwis forman parte de la Commonwealth, este lunes era festivo porque se celebraba el día del cumpleaños de la reina de Inglaterra, su ilustrísma Isabel II. Aquí tenéis a la buena mujer. Sí, de frente es muuuuuucho más fea.
En fin, yo de sentimiento monárquico no entiendo un pimiento, pero que te regalen un “puente” nada más llegar no está nada mal.Y de puentes y vacaciones entiendo un poco más.
Aprovechando el momento, unos pocos decidimos alquilarnos un coche y acercarnos hasta el cabo Reinga, el punto más al norte de Nueva Zelanda.
Mis compañeros de viaje fueron Maria José (“Mariajo” a secas) y Javier (Javi a secas). Ambos son granadinos, pareja y se encuentran aquí porque Mariajo, como yo, es maestra y ha recibido la beca del Ministerio. Javi, que de tonto no tiene un pelo, se ha venido aquí para acompañarla y disfrutar de unas merecidas vacaciones.
Lo dicho, nos alquilamos un coche y tiramos millas, como se suele decir.
La verdad es que Nueva Zelanda es un país ideal para disfrutar de la naturaleza y la manera más cómoda y resuelta de hacerlo es en coche. Aquí es muy económico alquilarlos y las carreteras están llenas de lugares donde acampar o hacer paradas técnicas. La gasolina, además, es muy barata. Los buzones parecen papeleras...Bueno esto no tiene ningún interés turístico pero para alguien con un pasado de carterilla como el mío es toda una maravilla. ¿A que son bonicos?
Bueno como decía, los servicios de autobús o de tren no son muy buenos y el precio no compensa mientras que un coche te puede llegar a costar sólo 10 dólares neozelandeses por día (unos 5 €) si es que lo alquilas por más de dos semanas.¿Qué os parece el tema?
Aprovechando el tiempo, nos acercamos al Cabo Reinga y ha sido genial. Simplemente genial. Tuvimos mucha suerte con el clima porque sólo nos llovió la mañana del lunes y el resto de los días tuvimos un sol de película.
Como ya os dije, este país es muy bonito y su paisaje es todo un entretenimiento.
Los bosques presentan una combinación muy interesante de árboles exóticos, helechos y coníferas espectaculares y éstos se combinan con campos verdes enormes llenos de animales pastando.
Encuentras cientos de vacas, ovejas y pavos. Sí, hay campos de pavos de navidad y mientras conduces puedes ver como se entretienen abriendo sus alas en plan amenazador hasta darles un aspecto de fregona atómica o algo parecido. Es muy curioso.
Otro punto es el de la cantidad de pájaros diferentes que te encuentras por aquí. Mires por donde mires no es raro ver parejas de faisanes caminando a sus anchas o clases de patos desconocidas para mi hasta ahora. Las gaviotas son de muchos tipos y las hay enormes. El sábado por la mañana, nada más salir de la residencia, una gaviota enorme aterriza delante de mi y sólo me dio tiempo a fotografiar su marcha. ¿Por qué soy tan lenta sacando fotos?
Pero para mi el tema de los pajaritos aquí es maravilloso. No me canso de mirar y maravillarme con cualquier sorpresa inesperada. El sábado vimos una especie de perdiz con un tupé muy gracioso de color negro pero no pude hacerles una foto. Pero si queréis os enseño otro tipo de gaviota muy cachonda.
Como decía todo es muy bonito y, contrariamente a lo que pueda parecer, no es muy caro. Una hamburguesa atómica como ésta, con su bebida, te sale por unos 7 euros. No está mal.
Dormimos en lugares para mochileros con una relación calidad-precio excelente y la comida aquí es buena y nada prohibitiva. ¡Tenéis que venir! Lo más caro es el viaje de avión pero una vez aquí la estancia puede salirte muy económica.
Nuestro destino final era el cabo Reinga pero lo primero que visitamos fueron las cascadas de Hokianga.
Aquí abajo, si os fijáis bien, me encontraréis en la imagen. Sí, es la cosa azul que se ve sobre la cascada.
Después bordeamos la Bahía de las Islas y el paisaje es la repanocha.
Al día siguiente, y antes del cabo Reinga, visitamos la Duna Gigante que es, como su nombre indica, una duna enorme. La duna está situada en el extremo norte de la Playa de las 90 Millas que así se llama porque mide eso, 90 millas. Vamos que la gente de aquí no se mata mucho con los nombres. Para que os hagáis una idea del mamotreto de arena aquí os pongo una muestra. El ser humano del fondo es Javi y, aunque parezca mentira, subió a la cima sin morir en el intento.
La duna es espectacular porque cuando la coronas te sientes como en el desierto y te parece mentira que a tu derecha se encuentre el océano y a tu izquierda un bosque exuberante. Había gente tirándose en trineo y os puedo asegurar que darse un paseo por allí cansa lo suyo...
Después de sentirnos como Lawrence de Arabia nos acercamos al cabo Reinga y allí puedes ver como se juntan el océano Pacífico con el mar de Tasmania. Aunque el día estaba ya muy nublado se podía apreciar el corte en el agua.
En uno de los extremos se encuentra un árbol de mucha importancia espiritual para los Maoríes. Si os fijáis bien lo veréis. Este árbol se conoce como el Pohutukawa y los maoríes creen que las almas se deslizan por sus raíces.
Después visitamos la bahía de los Espíritus. Espectacular.
Toda la arena estaba compuesta de restos de conchas y su aspecto era de un rosado muy curioso.
Al día siguiente visitamos el bosque de Kaurys de Waipoa y pudimos ver los ejemplares más grandes de este árbol sacado de otro planeta. Al menos de la parte de un planeta que yo aún no conocía. No tengo fotos de ellos porque, como soy una niña-melón, mi cámara se quedó sin batería el día antes y tengo que esperar que la buena de Mariajo me pase algunas. La verdad es que no me preocupa mucho porque estoy como loca por volver y disfrutar de todo aquello con más tiempo.
¡Ya estoy deseando tener aquí a Marc para recorrernos el país con una “fregoneta”!
Y por cierto, ya he conducido por el lado izquierdo. Todo un acontecimiento vital que puedo documentar. No, no maté a nadie...¡Gentes de poca fe!
Y de noche, puedes ver carteles como éstos. Atómicos también.
Pero lo que decía: !!!Maaaaarc vine aviat!!!!

Qué hambre me ha entrao cuando he visto la hamburguesa. Muy bonito tó, qué envidia.
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