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miércoles, 4 de septiembre de 2013

Hito natatorio

¡¡Hoy he nadado 1500 metros seguidos en la piscina!! (*)

"¡Coño!Al final va a a ser que Diós existe..."

(*) Y en 31:11, señoras y señores. ¡¡¡¡YeeeeeEEeeEeeeEepppaaaaaaaaaa!!!!

Pues a nadar

Parece que mi gemelo ha decidido ser un poco piadoso conmigo y hoy ya me siento mucho mejor. Por lo menos puedo caminar y, aunque creo que me he vuelto a romper, la lesión me parece ahora menos grave. Pero en cualquier caso lo de corretear va a tener que esperar por un tiempo...

Lo de aparcar el corretear es un palo pero, por suerte, siempre se pueden hacer otras cosas y en esas estamos. Gracias al veranete que aún tenemos he podido comprobar que mi gemelo sí me deja nadar y anteayer decidí hacer una serie de 1000 metros por vez primera para ver qué pasaba. La hice tranquilamente y lo que pasó es que pude completarla sin morir ahogada.

Ayer repetimos piscina y volví a nadar 1000 metros pero en esta ocasión no pude resistir la tentación de saber cuánto tardaba. Paré el crono en 21:05 pero lo mejor es que me sentí capaz incluso de nadar más tiempo. Me llegan a decir hace sólo unos meses que podría hacer algo así y no me lo creo. Vamos, que lo de querer es poder.Y que a falta de corretear buenas son tortas...digo piscinas...

"¡JA! Así me río yo de sus miserables 1000 metros. Y haga el favor de decirle al nota de detrás que deje de seguirme o no respondo de mis actos..."

viernes, 16 de agosto de 2013

¡¡Marcón piscinero!!

Hoy, sin anabolizantes ni intervención divina (que se sepa), he bajado de 10 minutos en los 500 metros natatorios. ¡¡Mi actual record está en 9:48!!

"Queridas rémoras, la semana que viene os vais a cagar..."



martes, 16 de julio de 2013

Entre Cuenca y Torremolinos.

Allí es más o menos donde voy cada vez que me pongo el neopreno e intento alcanzar algún objetivo estratégico para mi entrenamiento de pacotilla. Por objetivo estratégico entenderemos cualquier punto o elemento de referencia para nadar. Destacan a tal menester la socorrida plataforma de salto, la típica boya a tomar por culo, la señora con gorro floreado que quiere suicidarse, los matojos de juncos que no esperabas desayunar, o el barco que parecía más cerca y que, como la boya, está a tomar por culo también... 

Todos estos objetivos son, cuanto menos, útiles para constatar que lo de ir en línea recta en el agua es harina de otro costal y que en mi caso es, simplemente, imposible. El domingo que viene espero participar en la triathlon de Ginebra y ahí tengo que nadar 500 metros. Yo intento visualizar a ojo tuerto cuántos son esos 500 metros en el agua pero me temo que, ni acertando con los objetivos, soy capaz de economizar un poco el asunto. El domingo, en cualquier caso, saldremos de dudas.  

"Manolo, cuando lleguemos a la playa hazme un favor...¡¡Recuérdame que no vuelva a salir a nadar contigo en la puta vida!!"(*)

(*)Aquí un infeliz que se fió de alguien sin orientación acuática...

martes, 11 de junio de 2013

Nadando bajo la lluvia.

Mi plan deportivo para completar un triathlon sprint sin fallecer en el intento sigue adelante y ayer opté por ir a nadar a la piscina del Smash. Piscina al aire libre que está a tiro de piedra del CERN.

El día estaba gris y chispeaba así que no sabía si la piscina estaría abierta pero resulta que, efectivamente, no sólo estaba abierta sino que en sus aguas había otro ser humano nadando bajo la lluvia. El socorrista estaba bajo su sombrilla, vestido de largo y hojeando una revista. Supongo que si la temporada estival continúa así no habrá muchos rescates.

Sentada en el bordillo de la piscina y mirando el Jura coronado de nubes, tuve una serie de emociones encontradas. Por un lado me sentí aliviada por no ser la única loca que decidía ir a nadar en esas circunstancias. Pero por otro, lamentaba en un grito interior del todo egoísta no estar sola en esa piscina, con el Jura amenazante de fondo y el chispear arrítmico de la lluvia sobre el agua.

En fin, qué cosas...


sábado, 1 de junio de 2013

Suiza: sus horarios y sus gentes.

Esta mañana, después de una semana de inactividad por culpa del maldito francés, me he levantado dando un salto mortal. Bueno, el salto mortal no lo he pegado pero a las 7:30 ya estaba en pie y ahí que me he ido  a la piscina.

Mi pequeño sueño hoy era llegar a la piscina y descubrir que la instalación, a esas horas mañaneras, estaría desierta. ¡Una piscina olímpica enterita para mí!

Pues bien, he llegado a la piscina de Vernets a las 8: 30 y lo que me he encontrado ha sido, como diría mi padre, para mear y no echar gota...

De entrada, el parking de las instalaciones estaba a petar. Yo no daba crédito. Aparco casi milagrosamente el skodi y en la mismísima puerta de la piscina coincido con una buena mujer y sus dos hijos pequeños. ¡Atención! las 8:35 de la mañana y una señora con sus dos hijos hablando alegremente como si el desayuno hubiera tenido lugar hace tres lustros...

Pero ésto no ha sido nada. Entro en los vestuarios y allí me encuentro un huevo de gente preparándose para abandonar el recinto. ¡¡Las 8:40 y toda esa gente ya se había bañado!! Y finalmente, entre esa pequeña marabunta de madrugadores, me encuentro a la master class. Una señora de unos 80 años acicalándose frente al espejo y repeinándose el moño...¡Que la señora también se había bañado!!

Y yo pensando que había hecho algo casi heroico...

martes, 2 de abril de 2013

Hoy en la piscina.

A modo de agenda, y para que no se me olvide, apunto que hoy he hecho los 500 metros natatorios en 11:40. Me lo apunto porque hasta el momento es mi mejor tiempo y porque hoy será el último día que nade hasta vete tú a saber cuándo...

El viernes nos vamos de viaje a California así que lo de nadar (o intentarlo) va a ser poco probable. En todo caso me apunto el hito de hoy para ver si, cuando volvamos, la sobredosis de hamburguesas se nota o no...


"Y después a echar unos largos, ¿eh?"

domingo, 31 de marzo de 2013

¿Cómo es posible?

Ayer fui a la piscina y me pasó algo muy misterioso.

Para empezar llego a la piscina a una hora donde casi no había nadie. Milagrosamente sólo debía compartir el carril con un tipo por lo que me decidí a practicar lo de la voltereta de regreso. Claro, si no hay público no hay descojone y eso siempre anima a probar lo de la voltereta.

Pues bien, lo de las volteretas tiene tela de la marinera, oye. O me quedaba a tomar viento o me incrustaba en el bordillo. Yo ya sé que, según la teoría, la referencia es la "T" del suelo pero ya sabe que la teoría es una cosa y la realidad otra...

¡Pues bien! En una de mis volteretas estiro las piernas y, nuevamente, no encuentro la pared. Sin embargo esto no acabá aquí. No sé ni cómo, las piernas no encuentran la pared pero de repente los pies se montan en el bordillo como lo harían las patas de una rana entrando en una bañera. Pensando en lo complejo del resultado me sumerjo como puedo y reinicio mi nado como si nada hubiera pasado. Iba buceando y se me escapaba la risa imaginandome mis pies en el bordillo, seguramente estirados y con los dedillos abiertos.  



La cosa no acaba aquí, claro.

¡Resulta que el tipo con el que compartía el carril era un psicópata de los que se creen Michael Phelps!

En una de mis sufridas volteretas noté una corriente submarina que, por súbita y potente, me hizo pensar que alguien había soltado allí un atún rojo por error. Lo peor es que con la movida, y no sé cómo, fui a parar bajo la escalerilla...

Salí como pude con el flequillo de medio lado para descubrir que el origen de dicha corriente no era un atún rojo despitado sinó el tipo en cuestión. Que por cierto, ni se dignó a ver si estaba muerta o algo peor. En su padre pensé un rato hasta que me repeiné, abandoné la escalerilla y proseguí con mi particular hazaña.
 
De momento nado los 500 metros en poco menos de 12 minutos pero quizá, con intervención divina, mejore como para atreverme con el lago sin sufrir un síncope. O no...

La jungla piscinera.


Si hay una cosa que llevo mal en el mundo piscinero es lo de las agresiones subacuáticas. 

Para mí, que vengo de medio terrestre-agrestre, es lo más difícil de sobrellevar y que conste que yo ya sé que ésto no es como el atletismo de pista donde cada uno va en su calle a lo "no me toques, no me mires" pero esta marea de hostias inesperadas o de tensión sexual sumergida... No sé, no sé. Además, lo peor es que si sueltas un "de qué vas, capulllo!!!" se oye como una psicofonía del más allá debido a lo mucho que el sonido se distorsiona bajo el agua. ¡Insultar no sirve de nada en la piscina!

La piscina puede ser un terreno de lo más hostil. En un mismo carril se pueden juntar especímenes de lo más diversos en hora punta. ¡Milagroso es que no se registren defunciones!

En un carril cualquiera podemos encontrar a la vez a...

La señora que siempre nada de espaldas. No sólo va más lenta que la madre que la parió sino que, misteriosamente, siempre acaba adueñándose del carril.

El psicópata que se cree Michael Phelps. ¡Ah! Este es el más peligroso. Nadará y embestirá a todo nadante que se interponga en su camino. Jamás intente permanecer a su lado mientras ejecuta la voltereta de regreso pues la patada, en caso de producirse, podría sumirle en un coma profundo.

El señor mayor que pasaba por allí. Otro clásico. Este hombre en muchas ocasiones no lleva ni gafas de piscina y a veces se detiene en medio del carril para cambiar de estilo. Un tipo que, no obstante, puede aguantar una hora en la piscina para desesperación de todos aquellos con los que comparte el carril. 

El buen nadador o salmonete sinuoso. Este individuo aparece poco a hora punta porque ya sabe el percal que se monta. Nadar, nada de fábula y aunque pase a su lado a toda leche usted sólo sentirá el remolino de corriente que deja a su paso. Limpio, eficiente y pacífico. No confudir con el psicópata que se cree Michael Phelps.   

Los que hacen lo que pueden. El grupo más numeroso y del que me considero miembro. Esas gentes que un día deciden ir a la piscina y que, tras vérselas con el psicópata y la señora mayor, siempre se debaten entre seguir nadando o salir del agua y tomar una cervecita en el bar de las instalaciones. 

"¡Échenle huevos y vengan a nadar con nosotras!"

miércoles, 27 de marzo de 2013

Empezando a nadar (again).

Con la idea de hacer un triatlon en mente, ya he ido tres veces a la piscina. Todo un record, señores.

El triatlon que me gustaría probar es el "sprint" o corto, para que nos entendamos. Me gustaría hacer el de Ginebra (que será en julio) y en éste la parte de natación es de 500 metros. Normalmente son 750 metros y por eso, porque es más cortita, me siento más animada a intentarla. 

La cosa es que yo de nadar y de distancias no tengo pajolera idea pero, pese a mi ignorancia, lo de nadar 500 metros se me antoja un poco cansado. A bote pronto, si además me imagino nadando dicha distancia en el lago, pues ya te cagas...

Al día siguiente de tomar la decisión de preparame para el triatlon, me fui a la piscina de Ferney. Lugar de reunión y acceso de lo más inquietante...

Pues bien, el reto era saber si, por lo menos, podría nadar 500 metros sin morir en el intento. Me metí en la piscina y ahí que fui. Tenía que hacer 20 piscinas y hacerlas seguidas.¡No veas! Morirme no me morí pero me costó un huevo y parte del otro...

Mientras nadaba realmente pensé que hacerlo en el lago sería harina de otro costal y que, si no quería montar un numerito de rescate, me lo tendría que currar de verdad.

En el lago no hay bordillo salvador y eso de nadar y no ver ni hostias me da un poco de miedo. Que yo ya sé que el tiburón blanco no es de agua dulce  pero eso de mirar por las gafas y verlo todo negro no me gusta un pelo...


domingo, 4 de noviembre de 2012

Hoy.

Hoy he ido a la piscina municipal de Ferney Voltaire. Ha sido una experiencia. 

Para empezar, he pagado la suma 15 loleuros por una entrada que también me dejara ir a la sala de máquinas. La recepcionista me ha entregado una tarjeta con banda magnética y una pulsera con una pelotilla. La pelotilla servía, por lo visto, para abrir las puertas que me fuera encontrando. Todo un avance tecnológico. 

Como he pagado la entrada combinada debía acceder por un lado distinto al de la gente que paga su entrada de piscina a secas (valga aquí la paradoja). Uso la pelotilla y la primera puerta se abre. Llego a una segunda puerta. No preciso de la pelotilla y puedo entrar como se suele hacer con las puertas que funcionan sin pelotilla.  Llego hasta el vestuario. Vestuario enano, enano, enano. Salgo del mismo y busco la siguiente puerta de pelotilla. A todo ésto, la tarjeta magnética seguía en el bolsillo sin usar. 

Llego hasta la sala de máquinas y curiosamente no hay sistema de obertura con pelotilla. Acciono la puerta y ante mis narices aparece la sala de màquinas. Como el vestuario, es enana, enana, enana. Tiene máquinas, claro. Cinco exactamente. Dos bicicletas estáticas, una cinta de carrera, una máquina de remo y una máquina que no sé como se llama pero que parece que vayas haciendo esquí de fondo por los aires. En una de las bicicletas estáticas, un ser humano bien entrado en la sesentena. El único que, como yo, ha caido en la trampa de la entrada combinada

En lo que dura un segundo he contado las cinco máquinas, he visto al hombre sobre la bicicleta estática y he sido abordada por un olor de pies monstruoso. En lo que dura otro segundo he visto el origen de ese olor nauseabundo. El tipo de la bicicleta llevaba puestas unas zapatillas de estar por casa sin calcetines. De color gris, para más datos. 
Bonjour, bonjour. Decido hacer esquí de fondo por los aires. Mi compañero de sala parece sentirse en su bicicleta cual profesional ascendiendo el Tourmalet. Emite unos jadeos y unos resoplidos que, como el olor de sus zapatillas grises, llenan el ambiente más de lo que desearía. Acaba su ejercicio y abandona la sala con una amable sonrisa que, por otro lado, respondo amigablemente. Yo me quedo unos minutos más esquiando por los aires y pensando en la posibilidad irónica de que alguien nuevo entrara y pensara que soy la culpable de hacer que la sala parezca una cámara de gas. Por suerte nadie  entra y acabo con el esquí volador. 

Decido entrar en la piscina. Vuelvo al vestuario y me preparo para nadar. Decido dejar la pelotilla y la tarjeta en la taquilla. Abro la puerta de la piscina (sin pelotilla) y descubro que la piscina está muy bien. Nada que ver con la sala de cinco máquinas. Hago un par de largos y decido concluir el día. Me dispongo a regresar al vestuario cuando descubro que la puerta, de regreso, sí precisa de la pelotilla. Me cago en la leche. Pido auxilio a la socorrista y llego hasta el vestuario. Me ducho, me cambio y salgo por donde entré la primera vez pero sin usar la pelotilla. Llego hasta el mostrador y entrego a la recepcionista la pelotilla y la tarjeta magnética. De camino al coche, y mientras rememoraba las zapatillas grises del tipo de la bicicleta, un gran enigma me asalta ¿Pero para qué hostias servía la tarjeta magnética?

lunes, 5 de julio de 2010

Rebentando los límites absurdos.

Hoy he pulverizado mi récord de apnea casera hasta colocar el listón en los 2 minutos y 35 segundos.
La pulverización ha sido de 5 segundillos pero sólo por el careto de susto que ha puesto el crío que compartía la piscina conmigo el esfuerzo ha valido la pena. Qué le voy a hacer si soy asín de rara...

"Con la de cosas útiles que se pueden hacer con el tiempo y yo aquí haciendo el canelo..."

miércoles, 19 de mayo de 2010

Nuevo récord de apnea casera.

Familiares y amigos, ayer se produjo un nuevo hito en la modalidad de apnea casera y la nueva marca mundial se ha fijado en la marca oficiosa de 2:30. El socorrista no dijo nada al respecto. Las tres mujeres entradas en quilos que estaban a mi lado, tampoco.

martes, 18 de mayo de 2010

Primeros auxilios interruptus...

Ayer mismo un sufrido socorrista interrumpió mi segundo intento de apnea casera. Mi tiempo era entonces de 1:03 pero un golpe inesperado en mi pie obligó a detener mi reto absurdo. El pobre chico puso cara de perplejidad y yo sólo pude disculparme diciéndole que en realidad hacía el tonto con el crono y que me encontraba bien. El chico sonrió y volvió a su sitio. Yo me quedé en el agua y seguí haciendo el tonto con el crono.

jueves, 13 de mayo de 2010

Aguantando la respiración.

Ahora que he vuelto a ir a la piscina me estoy aficionando a hacer algo realmente estúpido... Resulta que, después de mis largos, me gusta meterme en la piscina de baños calientes y hacer apneas caseras. Como os lo cuento.
La piscina de baños calientes es la que tiene chorros de agua especiales y es el espacio idoneo para pasar el rato sin hacer otra cosa más que estar en remojo. Allí normalmente se acinan las mujeres mayores y cuesta una barbaridad poder disfrutar de la minicascada de agua.
Mis apneas caseras consisten en cronometrar el tiempo que aguanto haciendo el muerto con la cara sumergida. ¿Estúpido eh? Pues me relaja mucho y me encanta escuchar los ruidos del lugar mitigados por el agua. Cuando lo hago todo parece volverse lejano y más traquilo.
El otro día mi hermano me dijo que el socorrista se levantó a echarme un vistazo. El tipo puso cara de "ésto es muy raro pero parece viva" y me dejó a lo mío. Agradezco sus atenciones.


El récord de apnea casera está, a día de hoy, en 2:10. Os invito a probarlo. Apto también para las bañeras y los ríos de agua dulce.

sábado, 16 de enero de 2010

¡Al agua patos!


Esta semana he incorporado una novedad en mi vida Ginebrina y he empezado a ir a la piscina municipal del barrio de Servette.
Pese a lo caro que es Ginebra (o eso parece) la posibilidad de ir a hacer unos largos es muy barata porque una entrada sólo cuesta 6 francos suizos. Unos 4 € en cristiano raso.
Antes de trasladarme aquí a vivir, iba un día por semana con Patri a la piscina de Sant Viçents dels Horts (San Vicente de los Huertos para los que no hablan catalán ni en la intimidad) y allí la entrada ya te costaba unos 7€. Osea mucho más caro que en Ginebra.
Conclusión: Ninguna...
Lo único que está claro es que mi cuerpo no está hecho para la flotabilidad y que nadar me cuesta una barbaridad. Lo de correr (que es de cobardes) no es compatible con la actividad acuática y mis piernas son una carga demasiado pesada en el agua.
El primer día cometí la osadía de meterme en el carril rápido para hacer un par de largos y cuando acabé tuve que retirarme a respirar compulsivamente a un lado.
¿Pero cómo es capaz la gente de nadar a un ritmo tan pausado y constante durante tanto tiempo? ¡Yo sólo hago un largo y me muero! Y nada de intentar enlazar con una segunda vuelta que la liamos...
Caundo salí del agua estaba mascontentaqueunaspascuas pero en el vestuario comprobé horrorizada que parecía haber envejecido unos 10 años porque me apreté tanto las gafas de buceo que sus marcas en mi cara no se disiparon hasta unas cuantas más horas más tarde. Cosas de ser novata y un poco animalita...