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domingo, 1 de diciembre de 2013

¡¡¡¡Skodiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!


31 de Octubre de 2013, último día de la ITV en vigor del Skodi

En una de esas decisiones de ultimísima hora que me caracterizan, decido solventar el problema de la ITV del Skodi y decido ir a las Hispanias para pasarle la ITV esa misma tarde. Con un par (de neuronas, sí). Bueno, vaya por delante que el espíritu de semejante hazaña era similar al que se tiene al echar una primi

A las 4:30 de la mañana suena el despertador y a las 5:00 me despido de Mi Hombre. "Llámame en un par de horas para ver dónde estás", me dice. Salgo por la puerta y diez segundos más tarde estoy en el Skodi. Constato que a esas horas en nuestro pueblo hace un frío de tres pares y que el Skodi está congelado. Tras un minuto de conducción, decido encender la calefacción pero como el ventilador está estropeado sólo puedo ponerlo a máxima potencia. El Skodi deja de estar congelado y yo tomo la autovía. 

Un par de minutos sobre la autovía y Skodi empieza a sacar un humo negro-negrísimo por el tubo de escape. Apago la calefacción a máxima potencia pero el humo negro-negrísimo sigue saliendo. Constato además que, por más que acelero, Skodi no avanza. Me paro en la cuneta y Skodi sucumbe. Miro por el retrovisor y sólo veo la nube negra-negrísima. Con el mismo espíritu con el que se echa la primi, vuelvo a encender el coche. La lotería me toca y Skodi despierta. El pobre despierta pero sólo circula a 20 Km por hora...

Han pasado 15 minutos desde que saliera de casa y decido llamar a Mi Hombre. Con voz soñolienta, Mi Hombre me coge el teléfono. Me pregunta por mi paradero y yo le digo: "Pues que no he llegado ni al CERN...¡Reza para que llegue a casa!"

A casa llego y dejo a Skodi en nuestra plaza exterior. Y ahí sigue mi fiel amigo quien, hasta en su último suspiro, tuvo la delicadeza de no dejarme tirada.

Y hasta aquí la trepidante aventura de intentar pasar la ITV, a las bravas, el mismo día que ésta caduca. ¡Y viviendo en las Francias, oiga!

"Sinceramente, pa'mear y no echar gota"

viernes, 27 de septiembre de 2013

Creta

Estas inesperadas vacaciones nos han llevado hasta Creta y allí nos hemos perdido durante dos buenas semanas.

Hace unos añitos estuvimos en Grecia  pero entonces visitamos la Grecia continental. Esa gran desconocida que poco tiene que ver con las típicas imágenes helénicas de casitas blancas y cúpulas azules sobre un mar turquesa de fondo. Esas típicas imágenes que, digo yo, corresponden a Santorini o Mikonos y que, confieso, no he visitado en mi vida. Esas imágenes que, seguramente sospecho, se deben dinamitar visitando, precisamente, Mikonos y Santorini cuando descubres que allí esas bucólicas imágenenes de calles solitarias han sido substituidas por hordas de turistas y por una banda sonora de los últimos éxitos del verano  más pornomacarra que algún descerebrado haya ideado, supuestamente, para bailar. 

Allí seguramente es imposible echar una foto típica griega. Esa foto con esa puerta azul preciosa enmarcada por una pared blanca immaculada y con una auténtica octogenaria griega vestida de negro mientras sentada, como lo hiciera ya su tatarabuela, fabrica zapatillas de esparto que venderá después en la plaza. La señora tiene a sus pies, además de las zapatillas de esparto tradicionales, un gato rubio dormido placidamente. Un gato precioso que contrasta de manera perfecta con el blanco de la pared, el azul de la puerta y el negro del atuendo de la anciana. Anciana que, para rematar, nos sonríe como si nos invitara a comer sardinas en su casa. Esas sardinas tradicionales que ya hiciera también su tatarabuela y que sigue haciendo en su cocina. Cocina que está dentro de la susodicha casita blanca por la que se accede a través de la puerta azul maravillosa...¡Pues bien! Seguramente la señora tejedora en el Santorini real se ha mudado o ha dejado de tejer zapatillas de esparto porque es un verdadero coñazo. O claro está, quizá usted tiene la megasuerte de topar con la última tejedora de zapatillas de esparto, con la puerta y con el gato rubio (con todo el pack). Lo malo en este caso es que también se encontrará con las hordas de turistas y con la música pornomacarra de fondo. La música, por suerte, no saldrá en la foto pero sí lo hará el italiano hortera con pelo engominado saludando a la cámara. La estampa, no lo dude, no será igual que la postal que le mandó su prima cuando visitó Santorini y le contaba lo maja que era la anciana tejedora en cuestión. No se lo tome mal. Su prima es una cachonda y usted un poco ingenuo...

¡Pero a lo que iba! Nosotros hemos estado en Creta y, resumiendo muchísimo, hemos perreado y comido calamares. Plan simple donde los haya pero reconfortante como pocos. 

Debo decir que venimos absolutamente renovados pero también debo decir que, en mi opinión, Creta está un poco sobrevalorada. Nunca he estado en ninguna de las islas españolas pero sospecho que no tienen nada que envidiar de Creta. Es más, la Costa Brava, ahora que no me oye ningún cretense (que no cretino), le da 300 patadas a Creta.

Al margen de esta crítica, un tanto rastrera, lo mejor de allí es ese viaje en el tiempo a lo que seguramente fue la España de los años sesenta. Allí aún reina la cultura compadre y es muy normal que la gente deje el coche en quinta fila o que el autobús se detenga en plena curva para que un paisano baje a su huerto. Por otro lado lo del idioma me encanta. Me encanta el sonido del griego y ese exotismo, claro está, no lo tendría en Port de la Selva. En Port de la Selva también me ponen una tapa de calamares cojonuda pero entiendo perfectamente lo que dice el tipo de la mesa contigüa. Alguien que, por ejemplo, habla de lo buena que está Scarlett Johanson y de otras apreciaciones que, mientras mastico mis calamares, me interesan lo más mínimo...

Pero si usted lector tiene ganas de ir a Creta, vaya usted tranquilo que los calamares están muy buenos y el pulpo a la brasa ni le cuento.

 

viernes, 3 de mayo de 2013

EEUU

Aunque parezca mentira, ya ha pasado un mes desde mi última entrada y, claro está, ya hemos pasado nuestras vacaciones en territorio estadounidense. Vamos, que lo del paso del tiempo es terrorífico...

Llegamos anteayer y lo hicimos bastante hechos polvo después de un vuelo largo, largo. El vuelo tuvo su qué porque Jone venía pachucha de la barriga así que mejor no me extiendo en detalles escatológicos que todo buen lector sabrá imaginar. En cualquier caso, llegamos enteros y contentos. ¡Cosa que no es poca!

El jetlag está haciendo estragos. Hoy hemos amanecido a las 3 de la mañana y a las 4 estábamos cocinando crêpes. Cosa que no está mal para sobrellevar el madrugón. Ayer Jone durmió todo el día y eso tampoco estuvo nada mal porque me pude entretener con el volcado y recopilación de las fotangas del viaje. Recopilación que aquí podeis chafardear si os apetece y que espero os guste. 

Sobre el viaje, me habría gustado poder explicar cosas mientras estuve allí y por eso mismo me llevé el ordenador pero blogger no me funcionaba y me quedé con las ganas. Por otro lado, los días se sucedían entre tantas cosas que no sé si tampoco podría haber escrito mucho.

Hemos sobrevivido al colapso de hamburguesas y pancakes. A las Vegas. A esas carreteras sacadas de pelis de miedo. A los americanos y su exceso de reglas. A las salsas de las ensaladas. Al café chungo-chirri americano. A los desayunos de los hoteles. Al uso de tenedores y platos desechables. A los supermercados llenos a petar. Al precio del carburante. A la coca-cola de polvos. A la sensación de bajón que te deja ver tanto sin techo en el denominado país más rico del mundo. A la pasta gansa que se respira en Beverly Hills. A los coches-tanques que dan miedo. A Jone queriendo comer sólo patatataaatttaaaaaa....

En cualquier caso, me quedo con todo lo que hemos visto por allí. Sobretodo con lo espectacular de sus paisajes, con la fuerza de sus contrastes y con esa permanente sensación de pasear por un sitio que, de algún modo inaudito, ya conocías. 

Ójala regresemos algún día.

  

lunes, 28 de mayo de 2012

Helsinki.

Hace un par de semanas nos fuimos hasta Helsinki para visitar a Nuria. El viaje fue relámpago pero mereció la pena. La capital finlandesa olía a primavera y tuvimos la suerte de disfrutar de los días más cálidos del año hasta el momento. El termómetro, atención, superó los 15º C y nos hizo un solete que bien valía un imperio. ¡Pero si hasta nos tomamos un plato de pescadito frito en el puerto! Como os lo cuento. Pescadito frito en Helsinki. Por lo visto, sólo tres semanas antes, las calles seguían cubiertas de nieve y hacía un frío que crujía.
Con las nuevas horas de luz solar los pajarillos y las flores estaban de frenesí primaveral. No anochecía totalmente hasta las 11 de la noche y amanecía (que no es poco) antes de las 5 de la mañana. De cortinas, los finlandeses no gastan, así que imagino que con esos golpes de luz te tienes que volver mediotarumba. Seas persona, pajarillo o florecilla urbana. Pero ésto ya es una divagación que no lleva a ningún lado... 




Nos lo pasamos muy bien y tengo recuerdos de esos absurdos que no quiero perder. No quiero olvidar que en Finlandia el euro es la moneda circulante. Y no quiero olvidar que lo descubrimos, con cara de poker, en el mismísimo aeropuerto. Tampoco quiero olvidar que los bebés fineses llevan unos monos de invierno atómicos. Son como unos monos anorak-chubasquero. Vimos a un bebé vestido de esa guisa puliendo el suelo del aeropuerto con su gateo. Tampoco quiero olvidar el taller de litografía de la universidad de artes aplicadas. Ni la llave mágica de Nuria. Ni al finlandés cuadrado y enorme paseando su gato cual chihuahua. Ni la zona de humedales. Ni los pájaros que emitían ruidos igualitos a los disparos de cámara reflex. Ni la isla de Suomenlinna ni su empedrado anticarros de bebé de pacotilla como el nuestro. Ni la boda que allí vimos ni los taconazos de la novia para caminar con destreza por aquel lugar. Tampoco quiero olvidar el plato de pescadito rebozado en el puerto. Ni al hombre chino que se hizo una foto con Marc. Ni a las grajillas que surcan el cielo de la ciudad. Ni a los rusos borrachos a las 4 de la tarde. Ni las campañas antialcohol de los tranvías. Ni el silencio de sus gentes. Ni como Jone lo destrozaba con sus hipogritos. Ni al conductor con cresta de uno de los tramvías. Ni las paradas de fresas llegadas desde Lepe. Ni el cafe latte buenísimo que nos tomamos. Ni a Jone paseándose durante casi una hora con el verdulero del apartamento de Nuria. Ni el balancín para "adultos" de los parques. Ni las máquinas tragaperras al salir del supermercado. Ni las terrazas acristaladas de los nuevos edificios. Ni el desayuno que nos tomamos con vistas a un lago estupendo. Ni los pasteles de canela, patata y arroz. Ni el frankfurt sin pan. Ni el pan con mantequilla. Ni la vuelta de locura a Ginebra que nos dió Jone. Ni al pobre hombre francés que estuvo sentado a nuestra vuelta en el avión. Ni la lluvia de galletas saladas que me cayó en pleno avión. Ni al chico coreano sentado justo delante de nosotros. Ni el ataque de risa que tuve en la parada de bus, ya en Ginebra, recordándolo todo.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Chicago.

Regresamos de Chicago el pasado martes y aún se notan los efectos del jet lag en nuestros cuerpos serranos. Estas últimas noches Jone, a eso de las tres de la mañana, nos honra con recitales de gorgojeos y cánticos de más de una hora y Marc amanece como un muerto viviente. La cosa, para ser sincera, resulta bastante graciosa.

La estancia en Chicago estuvo muy bien. Como ya dije en la anterior entrada, el tema del vuelo nos tenía un poco "aconcojonados" porque no sabíamos qué podría pasar durante tantas horas seguidas en un avión con un bebé. Sobretodo si el bebé es tuyo y se pone a llorar como un poseso.

Al final Jone lloró sólo en el primero de los vuelos (el de Ginebra a Amsterdam) y lo hizo durante unos veinte minutos. El tema no sería tan grave si no fuera porque ese vuelo sólo duraba una hora. Os juro que con Jone a grito pelado sentía estar en un vuelo igualito al de la imagen:



¡Sí, sí, sí! Como os lo cuento. Incluso, en un ataque de madre-Pantoja, llegué a decirle a Marc:

"Marc, que me quedo en Amsterdam. ¡Me niego a que Jone llore ocho horas seguidas!"

Marc se quedó mudo y sospecho que si el CSI revisara los calzoncillos que llevaba entonces detectaría microrestos fecales en los mismos fruto del colapso mental que sufrió. Cosa, por otro lado, muy razonable.


"No hay duda...¡Es caca!"

Sea como sea, Jone se tranquilizó y se quedó dormida en Amsterdam. Yo recuperé la compostura, me quité la peineta de Pantoja y llegamos a Chicago donde pasamos unos días muy "achilipús". Y aquí unas fotangas que asín lo acreditan:





¡A ver si volvemos!

sábado, 5 de noviembre de 2011

Chicago express.

Marc se ha visto envuelto repentinamente en una misión secreta de las suyas y en esta ocasión es preciso que vaya unos días a Chicago. Como ahora es un espía con familia ha decidido llevársela a cuestas aunque ya le he dicho que no quiero verme envuelta ni en tiroteos ni en interrogatorios. Él, como siempre, me habla del Fermilab y de no sé qué rollos de aceleración de partículas. Sus tapaderas de pacotilla, vamos...
En cualquier caso desde el jueves pasado llevamos unos días a la carrera que no veas. Para empezar, el episodio más surrealista hasta el momento ha sido hacer llegar mi pasaporte desde Igualada a Ginebra en menos de 24 horas. Todo fue posible a gracias a Ups y sobretodo a mi cuñada que es un solete. El pasaporte salió de Igualada a las 17:00 del mismo jueves llegó el viernes a las 10:15 de la mañana. Como diría Jesulín: "¡Im-pesionante!"


Salimos mañana a las 9:15 de la mañana lo que significa que a las 6:00 nos ponemos en marcha. Hacemos escala en Amsterdam y la llegada a Chicago es a las 14:40 del domingo en USA. El periodo de vuelo más largo será de unas 8 horas. Sí 8 horas. Las novedad, claro, es que vamos con nuestra Jone pero como diría Chiquito: "¡No seas cobarrrrrlde!"


¡Pues eso! Que a ver qué tal se nos da el aire con bebé a bordo y a ver qué tal está Chicago.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Cosas irrelevantes que han pasado desde el arcoiris.

Nos fuimos a Grecia de vacaciones y una noche caminamos casi 40 kilómetros.

"Testimonio del momento"(*)

Cogimos un ferry a Corfú y en el mismo sonaba música griega. Momento más griego vivido en Grecia.


"Tachán...Tatatachán...Tachán..."(**)

Echamos una carrerita en el Olimpo pero fue antes de la caminata de 40 kilómetros. Después no me habría sido posible. Heme aquí corriendo.


Nuevo testimonio del momento (***)

Nos metimos unas cenas griegas entre pecho y espalda de las buenas. Aquí servidora. La cena ya entre pecho y espalda.


He montado mi primera estantería EXPEDIT de Ikea. Necesaria para contener mis despreciables pertenencias en mi nuevo piso de Igualada (capital de la Anoia para quien siga sin saberlo).

"Estantería EXPEDIT a 49.95 €"

Tuve que ducharme con agua fría hasta mediados de Octubre. Gentileza de Gas Natural. Calor de hogar. Tu hogar... ¡HIJOS DE PUTA!


Desde Septiembre, he vuelto a las andadas del cole. Alex Pineda salió del lavabo con lo que parecía un trozo de plastilina azul. El crío emocionado me ofrece su hallazgo cual tesoro maravilloso. El tacto de dicho tesoro resulta demasiado húmedo para ser agradable. El crío confiesa que dicho tesoro se hallaba en uno de los meaderos del cole. Lanzo el trozo de plastilina a la papelera más cercana lamentando haber preguntado al crío el origen del mismo...

La vida es maravillosa y sin todas estas cosas sería un soporífero coñazo. Sin duda.

(*) Testimonio absolutamente falso del momento. No era de día.

(**) Interpretar la música a la griega. Ni es un tango ni una marcha militar.

(***) Testimonio absolutamente falso del momento. Revise la imagen por si no lo tiene claro aún.


domingo, 13 de junio de 2010

Hablando de vacaciones...

Pues hablando de vacaciones, finalmente Magrans y servidora hemos decidido irnos a las Grecias. Este año estábamos aún con el gusanillo de volver a China pero los vuelos estaban muy caros y otras posibilidades como la India no nos acababan de entusiasmar. ¿Será porque no tenemos un sentimiento romántico de la pobreza extrema? No lo sé...
Al final volar desde Ginebra a Atenas estaba muy "apañado" y como aún no he tenido la suerte de visitar el Partenón bajo un sol abrasador decidimos que este año podría merecer la pena hacerlo.
Cada viaje tiene lo que tiene y nosotros ya estamos fantaseando con todo lo que haremos por allí. Ya me lo imagino, ya lo veo claro...

¡Ese país tan bonito!


¡Esas islas tan maravillosas!


¡Esa cultura infinita!


¡Esos cuencos divinos!


¡Esa comida deliciosa!




Y por supuesto...¡Esas gentes entrañables!


"¡¡¡Ésto es Esparta y no me queda más yogurt!!!

Lo bonito de un viaje y el placer de compartirlo.

viernes, 15 de enero de 2010

Barcelona-Ginebra o ésto es un infierno...

Hoy se cumple una semana de mi regreso a Ginebra.
Mi bonita Suiza, como casi todo el resto de Europa, se encuentra cubierta de nieve y la culpa de este nuevo aspecto la tiene el temporal de frío que atravesó el continente hace, hoy también, una semana.
Saltándome el plan previsto, decidí terminar con Mis típicas Navidades y regresar unos días antes aprovechando que la llegada de dicho temporal a la Península no se había producido.
Antes de partir me fui bien prontito al SOCORRO que, para el que no lo sepa, es un puesto de recambio de ruedas de la ilustre Corbera de Llobregat (mi pueblo y lugar de residencia de mi familia). En el SOCORRO me cambiaron las dos ruedas delanteras y los limpiaparabrisas. Todo costó una mortaja pero no estabámos mi Skodi y yo para irnos a esos infiernos de frío con unas ruedas gastadas y unos "limpias" lamentables. ¡Seguridad ante todo!
Allí, en el SOCORRO, me encontré a mi hermano Asier.
Resulta que el pobre también necesitaba un arreglo de rueda de urgencia por lo que nos pudimos pegar un último achuchón antes de seguir nuestros caminos. Asier se fue a la Uni y yo me fui a visitar a Patri porque no podía irme a Ginebra sin verla por última vez.
Con mis flamantes ruedas y mis limpias de ensueño llegué a casa de Patri para desayunar.
Después fuimos a visitar a Helena, una amiga común que está llevando a cabo la heroicidad de tirar palante con 6 criaturas. ¡Y está divina la tía!
Total, que ya era casi mediodía cuando me pongo, ya en serio, a hacer camino a Ginebra.
Bueno, a la altura de Girona me paré para visitar a La Pili (la madre de Marc) porque la mujer me dejó un libro y no quería irme sin devolvérselo. La parada duró unos 15 minutos que es el tiempo en que se devuelve un libro y, después de varios "pero mujer que no hace falta", se acaba aceptando un paquete con comida diversa. Salí de casa de La Pili, puse gasolina y, por fin, estaba en camino directo a Ginebra. Mi destino final.
Llegué a la Jonquera a las 15:30 y ahí me quedé. Justo a unos 200 metros de la frontera que los malditos franceses habían cortado.
Me quedé detenida en la Jonquera durante 9 horas. Sí, 9 horas.
Lo bueno del tema es que con mi calefacción, mi gasolina y la radio (que funcionaba de coña) estuve muy bien y al final tampoco resultó muy terrible. Hacia las 23:00 un mosso d'esquadra (que por cierto, estaba muy bien) golpeó mi ventanilla y me ofreció un bocadillo, gentileza de Montilla, que yo acepté encantada.
Debo decir que no sobreviví todas esas horas gracias ni a los mossos ni a la gentileza de Montilla sino al salchichón que, por suerte, acabé aceptando de La Pili y que me comí a mordiscos que ni en tiempos de guerra.
Con mi calefacción, la radio y el salchichón era feliz.

En la radio pude oir historias tan grandes como la de una mujer de unos setenta que estaba harta de que su nuevo amigo le contara marranadas sexuales... Ella hablaba de este hombre, un abuelete de otros setenta, en términos de amigo porque "ella ya no quería más que un amigo para charlar y viajar y no quería saber ya nada del sexo" pero aún se veía con él y mantenía largas conversaciones donde se intercambiaban las "marranadas" con "oye que el sexo no me interesa". Algo parecido a ésto:

Y la mujer diciendo: ¡¡Detente mamarracho!!

Todo junto hizo que perdiera toda esperanza sobre la idea de que envejecer proporciona más madurez y tranquilidad al espirítu. La cosa sólo va a peor, definitivamente.

También me preguntaba, mientras miraba por la ventana y la nieve no paraba de caer, qué sería de nosotros si realmente hubiera un cataclismo de los de verdad. Estar en ninguna parte, atrapado y sin mossos de esquadra majetes ofreciendo bocadillos.
Hacia las 24:00 nos movimos unos metros y ofrecí el sitio de mi copiloto a una pobre mujer que se había pasado todo ese tiempo sin calefacción por culpa de una avería en su coche. La dichosa batería estaba muerta y los gendarmes (muy majos también) estaban intentando arreglarla.
Al cabo de un rato la mujer abandonó mi Skody y, por fin, los franceses abrieron la frontera...
Estuve conduciendo una dos horas con las autopistas limpísimas y casi en solitario pero me tuve que parar a dormir en una estación de servicio. Paré el coche entre dos camiones polacos.
La idea era parar sólo una hora pero al final dormí 5 por lo que la carretera , a las 8:30 de la mañana, ya no estaba limpísima ni solitaria. Estaba nevando.
Me comí el bocata de Montilla (que era de queso) y seguí con mi camino.
La carretera estaba como el culo y perdonad por la expresión.
Mi limpiacristales izquierdo se quedó misteriosamente parado en posición vertical por lo que no limpiaba nada. Por suerte el limpia derecho iba de fábula y podía ver algo.
Me pasé 2 horas a 30 km/h planteándome seriamente mi llegada satisfactoria a Ginebra en esta década.
A todo ésto añade a los que yo denominé, y perdonad de nuevo por la expresión, los Malditos Hijos de Puta y que no eran otros que los zopencos que preferían ir adelatando por el carril no habilitado y lleno de nieve aún a riesgo de provocar un accidente. Uno de estos MHP dió tres trompos justo delante mío. Juro por Diós que tener un AK-47 me habría venido muy bien para darle su merecido...


Lo peor, no obstante, se produce cuando el limpia detenido vuelve a moverse para chocar en tres ocasiones con el limpia trabajador. Lo suficiente para que mis limpias, ambos, se vayan al garete y me quede más ciega que un gato de porcelana.


Decido meterme en una estación de servicio y llamar a Marc para anunciar mi suicidio.
Él me sugiere que llame a atención en carreteras pero no me resulta buen plan porque nevaba muchísimo y allí sólo me quedaría atrapada. La grúa no llegaría en un montón de horas y los quitanieves no pasarían a desenterrar a los cabezamelones que, ya sepultados por la nieve, decidieron parar a tomar un café con la que caía.
Decido continuar el viaje y ver si puedo llegar a Lyon para arreglar los limpias.
Arranco el coche en la estación de servicio, circulo unos metros y....!bacummmmm! mi Skodi impacta con lo que se suponía un bordillo que, oculto bajo la nieve, estaba allí puesto para amargarme la exitencia. Mi Skodi se había quedado atascado. Ahí, lo confieso, se me saltan unas lágrimas pero salgo del coche, y de nuevo perdonad por la expresión, cagando hostias para buscar ayuda. Entro en la cafetería y, con mi francés de Atapuerca, les digo a unos franceses que si me pueden ayudar. Los tíos, muy franceses, dejan sus patatas fritas y sus refrescos y me empujan el coche hasta que mi Skodi vuelve a ser libre. Les doy un millón de gracias.
Vuelvo a la autopista y milagrosamente nieva muy poquito de tal forma que los copos ni tocan el coche y puedo ver sin problema. Decido circular, circular y circular hasta que llego (después de varias horas) a Suiza.
Los suizos de los cojones, y perdonad mi expresión, llevan neumáticos de invierno y conducen a toda velocidad mientras tú lo haces como puedes y sin limpias. Lo malo era que cada vez que me adelantaban el cristal se me ponía hecho unos zorros y no veía nada...
Al final llego al CERN, lugar de espionaje en realidad, me reúno con Marc y decido que cojamos el autobús hasta casa. El Skodi se quedó allí aparcado y allí sigue, cubierto de nieve y sin limpiaparabrisas.
Aunque Marc no me dijo nada yo creo que mi aspecto era como el de esta macaca.


Igualita pero saliendo del Skodi...¡¡¡Aaauuuuuurghhh!! ¡¡Dame una sopita!

viernes, 4 de diciembre de 2009

Primeros días de parranda por New Zealand.

Como ya dijera hace unos días, esta semanita me la he pasado disfrutando de mi primera caminata por este país en compañía de Laura, la chica madrileña que he conocido por estas tierras y que después de estos días ya carga con el sobrenombre de Laura Palmer.
Lo del sobrenombre a vosotros como que os puede dar igual pero éste sobrevino por el frío que pasamos en algún momento y por el miedo que tuvo la muchacha a amanecer en el saco de dormir como lo hiciera la protagonista de la serie Twin Peaks.
¡Pero vayamos por partes!
La verdad que, antes que nada y por si el inicio os pudiera confundir, nos lo hemos pasado genial y nos hemos reído mucho. Pasar hemos pasado frío pero diversión no nos ha faltado.

El primer día fuimos a recoger mi coche de alquiler y ahí empezamos un poco mal porque el coche que me querían cascar no era el que yo había solicitado y porque al final el ofertón tenía letra pequeña y no fue tan ofertón como yo esperaba. Lo peor sin embargo llegó cuando el coche que me querían dar no tenía bandeja para ocultar el maletero y el chino que me atendió me trajo una toalla roñosa a modo de solución. Ahí estuve al punto del homicidio pero, resumiendo mucho el episodio, finalmente salimos de allí motorizadas y con un vehículo mejor que el que contraté. La bandeja del maletero estaba en su sitio y la toalla roñosa volvió al suyo, un rincón olvidado del garaje.

Nos pusimos finalmente en marcha después de comprar provisiones y nos dirijimos al parque natural de Te Papa Atawhai, donde se encuentra la ruta que bordea el lago Waikaremoana.

La primera noche la pasamos en un cámping del que lamentablemente no tengo foto. Soy así de desastre...
Lo más importante del tema fue que allí comprobamos hasta qué punto mi súpertienda de campaña es una castaña. La noche no fue especialmente fría pero, cosas de la vida, la tienda se calaba totalmente por dentro para permanecer totalmente seca por fuera. Aún no sé el porqué de este misterio.
A todo ésto, y sin ser de Bilbao, tampoco llevábamos esterillas pero no puedo afirmar que este descuido fuera el responsable de nuestro frío. Total que me he gastado 25€ en una tienda que se cala por dentro y se queda seca por fuera...¡Este país necesita un Decathlon!
Otro gran acontecimiento de esa noche fue descubrir hasta qué punto los animalejos de este país emiten sonidos extraños. No os podéis imaginar la cantidad de ppiiiiipppp, criñiiiiiii, prrriuuuuuu, crrrooooouuuuchhhh que se pueden llegar a oir en un minuto. Y a éstos añádeles los zumbidos del millón de moscas, abejorros y mosquitos que hacia las cinco de la mañana deciden iniciar su jornada de trabajo. Aquello parecía una discoteca pero de otro planeta...Nos echamos unas risas buenas con el tema y ahí se inició el concepto Laura Palmer por lo tiesecica que se estaba quedando la muchacha.
Por suerte Laura no amaneció como la Palmer y pudimos empezar a caminar.
Tuvimos que contratar transporte hasta el inicio de la ruta y taxi acuático (osea, lo que se llama lancha motora en mi pueblo) para retornar al punto de origen una vez termináramos la caminata.
El tipo que nos acercó a la ruta en furgoneta se parecía al Gran Lebowski y me pareció bastante majete hasta que se puso a conducir y me demostró que era una auténtico psicópata. No veas tú como llevaba El nota la frago...¡A toda hostia!(y hostia está aquí enfatizado como persona ibérica que soy).


La caminata estuvo muy bien aunque el clima no nos acompañó del todo. La lluvia a lo calabobos fue casi constante y aunque no pudimos admirar el lago en todo su esplendor lo visto tampoco estuvo tan mal.


El bosque era espectacular y la bruma que lo acompañaba le daba un aspecto casi mágico. Como si se tratara de un bosque de cuento, donde las brujas y los duendes aún hacen de las suyas.

Dormimos en refugios que previamente contratamos por internet y la verdad es que lo pasamos bien.

Una de las noches coincidimos con tres neocelandeses, un australiano y una pareja alemana. Excepto la pareja de germanos, el resto eran señores de más de cincuenta años y nos reímos un montón con muchas tonterías. Lo mejor fue que nos invitaron a vinillo y hasta nos ofrecieron algo de comer. ¡Que el tema de la comida también ha sido otro punto!
La verdad es que en cualquier excursión que se preste lo normal es quedarte sin chorizo y nocilla antes que sin pan pero nosotras, que somos así, nos quedamos sin pan antes que sin nocilla y sin chorizo. Lo que habría dado yo por un paquete de pan no lo sabe nadie...Menos mal que aquel neocelandés de barbas me dió vino, merengues y arroz. ¿Donde estaría yo ahora? ¡Pues en otro saco como la Palmer!

Toda la ruta bordea el lago Waikaremoana y durante el trayecto cruzas un montón de puentecitos colgantes. Como éste:


La vista más espectacular es la llegada a las cascadas Korokoro. Mirad qué bonicas:

Los caminos estaban bastante embarrados pero nada fue demasido terrible. Durante toda la ruta los pajaritos cantan con sus sonidos de otro planeta pero es tan espesa la vegetación que difícilmente puede verlos. Como le dije a Laura, sólo espero que no sean altavoces situados estratégicamente en el camino...
La verdad es que sobre la fauna puedo destacar los siguientes avistamientos:
Unos cuantos cisnes negros en el lago.
Un posum (¡vivo! y alejado de la carretera) cuando de noche salimos de uno de los refugios para...............................¡para ir al lavabo a lo campestre!
Varios Tuis cantando como locos.
Unos cientos de mosquitos que estaban obsesionados con mis piernas.
Una rana verde de la que, amigos y familiares, tengo documento que lo acredita. Y estoy tan orgullosa que os lo voy a enseñar. Mirad que chuli:

Esta fue la fauna.
Sobre los kiwis debo decir que este parque contiene una zona de protección (y contención) para ellos pero de estos pajaritos no vimos ni calcamonías. Lógico tratándose de un animalito nocturno y en peligro de extinción...

Nuestro último día lo pasamos en un refugio con tres neocelandeses pero éstos eran más sosainas que los otros cincuentones cachondos y ni nos dieron vino, ni arroz, ni merengues ni hostias. No habría sido muy grave si no fuera porque allí tuvimos que estar casi 24 horas hasta poder acercarnos al punto donde el Gran Lebowski nos esperaba, en esta ocasión, con la lancha motora para acercarnos al punto de origen.

El Nota llevaba la lancha , como era de esperar, a toda hostia pero llegamos sanas y salvas a nuestro cámping inicial donde nuestro coche, bandeja incluida, nos esperaba.
En el súper del cámping compramos más pan de molde y en el coche nos dimos un festival de nocilla y latas de sardinas que nos salvó la vida. O eso creíamos...

Ver las fotos.

sábado, 14 de noviembre de 2009

Camino de Mordor.

Este fin de semana hemos hecho la Tongariro Alpine Crossing.
Según parece, es la mejor caminata de un día que se puede hacer en Nueva Zelanda y la verdad es que mereció la pena. Como siempre, tuvimos mucha suerte con el tiempo y el día fue espectacular.
La caminata tiene lugar en el Parque Natural de Tongariro y dura unas siete horas.
El paisaje es de tipo volcánico y me pareció de lo más curioso porque nunca antes había visto algo parecido. Durante la caminata me sentía como en otro planeta.
El volcán que aparece con más frecuencia es el Ngauruhoe, todavía en activo. Por si os parece curioso, os puedo contar que fue el escenario elegido en El Señor de los Anillos para representar el Monte Doom. ¿Que no os suena de nada lo del Monte Doom? Pues era el monte que conducía a Mordor durante la tercera parte de la trilogía. El bueno de Sam y el plasta de Frodo lo hicieron acompañados de Gollum. Seguro que ahora os suena el tema.

Sea como sea, sin Gollum o con él, la llegada a la cima del Volcán Rojo es espectacular y desde allí puedes contemplar los lagos llamados Esmeralda y Azul. Todo el conjunto es realmente maravilloso. Ojalá algún día podáis verlo con vuestros propios ojos. Merece la pena.

lunes, 26 de octubre de 2009

Destino: Cabo Reinga.

Mi primer fin de semana en Nueva Zelanda y resulta que es de tres días.
Como los kiwis forman parte de la Commonwealth, este lunes era festivo porque se celebraba el día del cumpleaños de la reina de Inglaterra, su ilustrísma Isabel II. Aquí tenéis a la buena mujer. Sí, de frente es muuuuuucho más fea.
En fin, yo de sentimiento monárquico no entiendo un pimiento, pero que te regalen un “puente” nada más llegar no está nada mal.Y de puentes y vacaciones entiendo un poco más.
Aprovechando el momento, unos pocos decidimos alquilarnos un coche y acercarnos hasta el cabo Reinga, el punto más al norte de Nueva Zelanda.
Mis compañeros de viaje fueron Maria José (“Mariajo” a secas) y Javier (Javi a secas). Ambos son granadinos, pareja y se encuentran aquí porque Mariajo, como yo, es maestra y ha recibido la beca del Ministerio. Javi, que de tonto no tiene un pelo, se ha venido aquí para acompañarla y disfrutar de unas merecidas vacaciones.
Lo dicho, nos alquilamos un coche y tiramos millas, como se suele decir.
La verdad es que Nueva Zelanda es un país ideal para disfrutar de la naturaleza y la manera más cómoda y resuelta de hacerlo es en coche. Aquí es muy económico alquilarlos y las carreteras están llenas de lugares donde acampar o hacer paradas técnicas. La gasolina, además, es muy barata. Los buzones parecen papeleras...Bueno esto no tiene ningún interés turístico pero para alguien con un pasado de carterilla como el mío es toda una maravilla. ¿A que son bonicos?
Bueno como decía, los servicios de autobús o de tren no son muy buenos y el precio no compensa mientras que un coche te puede llegar a costar sólo 10 dólares neozelandeses por día (unos 5 €) si es que lo alquilas por más de dos semanas.¿Qué os parece el tema?
Aprovechando el tiempo, nos acercamos al Cabo Reinga y ha sido genial. Simplemente genial. Tuvimos mucha suerte con el clima porque sólo nos llovió la mañana del lunes y el resto de los días tuvimos un sol de película.
Como ya os dije, este país es muy bonito y su paisaje es todo un entretenimiento.
Los bosques presentan una combinación muy interesante de árboles exóticos, helechos y coníferas espectaculares y éstos se combinan con campos verdes enormes llenos de animales pastando.
Encuentras cientos de vacas, ovejas y pavos. Sí, hay campos de pavos de navidad y mientras conduces puedes ver como se entretienen abriendo sus alas en plan amenazador hasta darles un aspecto de fregona atómica o algo parecido. Es muy curioso.
Otro punto es el de la cantidad de pájaros diferentes que te encuentras por aquí. Mires por donde mires no es raro ver parejas de faisanes caminando a sus anchas o clases de patos desconocidas para mi hasta ahora. Las gaviotas son de muchos tipos y las hay enormes. El sábado por la mañana, nada más salir de la residencia, una gaviota enorme aterriza delante de mi y sólo me dio tiempo a fotografiar su marcha. ¿Por qué soy tan lenta sacando fotos?
Pero para mi el tema de los pajaritos aquí es maravilloso. No me canso de mirar y maravillarme con cualquier sorpresa inesperada. El sábado vimos una especie de perdiz con un tupé muy gracioso de color negro pero no pude hacerles una foto. Pero si queréis os enseño otro tipo de gaviota muy cachonda.

Como decía todo es muy bonito y, contrariamente a lo que pueda parecer, no es muy caro. Una hamburguesa atómica como ésta, con su bebida, te sale por unos 7 euros. No está mal.
Dormimos en lugares para mochileros con una relación calidad-precio excelente y la comida aquí es buena y nada prohibitiva. ¡Tenéis que venir! Lo más caro es el viaje de avión pero una vez aquí la estancia puede salirte muy económica.
Nuestro destino final era el cabo Reinga pero lo primero que visitamos fueron las cascadas de Hokianga.
Aquí abajo, si os fijáis bien, me encontraréis en la imagen. Sí, es la cosa azul que se ve sobre la cascada.

Después bordeamos la Bahía de las Islas y el paisaje es la repanocha.
Al día siguiente, y antes del cabo Reinga, visitamos la Duna Gigante que es, como su nombre indica, una duna enorme. La duna está situada en el extremo norte de la Playa de las 90 Millas que así se llama porque mide eso, 90 millas. Vamos que la gente de aquí no se mata mucho con los nombres. Para que os hagáis una idea del mamotreto de arena aquí os pongo una muestra. El ser humano del fondo es Javi y, aunque parezca mentira, subió a la cima sin morir en el intento.
La duna es espectacular porque cuando la coronas te sientes como en el desierto y te parece mentira que a tu derecha se encuentre el océano y a tu izquierda un bosque exuberante. Había gente tirándose en trineo y os puedo asegurar que darse un paseo por allí cansa lo suyo...
Después de sentirnos como Lawrence de Arabia nos acercamos al cabo Reinga y allí puedes ver como se juntan el océano Pacífico con el mar de Tasmania. Aunque el día estaba ya muy nublado se podía apreciar el corte en el agua.
En uno de los extremos se encuentra un árbol de mucha importancia espiritual para los Maoríes. Si os fijáis bien lo veréis. Este árbol se conoce como el Pohutukawa y los maoríes creen que las almas se deslizan por sus raíces.
Después visitamos la bahía de los Espíritus. Espectacular.
Toda la arena estaba compuesta de restos de conchas y su aspecto era de un rosado muy curioso.
Al día siguiente visitamos el bosque de Kaurys de Waipoa y pudimos ver los ejemplares más grandes de este árbol sacado de otro planeta. Al menos de la parte de un planeta que yo aún no conocía. No tengo fotos de ellos porque, como soy una niña-melón, mi cámara se quedó sin batería el día antes y tengo que esperar que la buena de Mariajo me pase algunas. La verdad es que no me preocupa mucho porque estoy como loca por volver y disfrutar de todo aquello con más tiempo.
¡Ya estoy deseando tener aquí a Marc para recorrernos el país con una “fregoneta”!
Y por cierto, ya he conducido por el lado izquierdo. Todo un acontecimiento vital que puedo documentar. No, no maté a nadie...¡Gentes de poca fe!
Y de noche, puedes ver carteles como éstos. Atómicos también.
Pero lo que decía: !!!Maaaaarc vine aviat!!!!