Como vamos a estar 5 añitos por aquí, hemos decidido dejar de ser unos ilegales y afrancesar la matrícula de Skodi. Para tal acometido llevamos el coche a reparar con la idea de ponerlo a punto para pasar todos los controles que dicho afrancesamiento requieren.
Ayer dejamos a Skodi a las 7 de la mañana en el concesionario Skoda y a las 12:30 recibiamos una llamada de dicho concesionario informándonos del estado del coche. Básicamente nos dijeron que nuestro Skodi, fiel y leal compañero de batallitas on the road, está hecho una ruina. Nosotros pensábamos que había que reparar una ventana (que ni sube ni baja), el ventilador (que sólo funciona a máxima potencia) y el maletero (que ya no se abre desde fuera). ¡Pues no! Resulta que el coche tiene, además, el embrague a punto de perder las bragas y el parachoques de delante a punto de dejarte en bragas en cualquier momento. Conclusión: el bueno de Skodi está en las últimas.
Ante la eventual defunción definitiva, ayer decidimos dar a Skodi un tratamiento paliativo y, cual ministro español de sanidad, tratar al paciente invirtiendo lo mínimo. Skodi, amigo mío, ruego me perdones algún día por este trato miserable. En fin.
La cosa es que ayer se precipitó en nuestras vidas una de esas tareas coñazo que teníamos reservadas para un futuro: comprar un coche nuevo. Ayer, porque sí, ha empezado nuestro periplo por ese universo llamado automoción y por esos lugares llamados concesionarios. El coñazo, amigos, ya está aquí.
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