El día de ayer fue de los duros. No sabía muy bien si debía o no explicar aquí lo sucedido pero, dado que escribir me relaja y que decidí iniciar este blog para escribir, creo que eso es lo que voy a hacer. Escribir y con ello, también, sentirme mejor.
Mi blog es público desde hace no mucho y decidí que así lo fuera, simplemente, porque para mis amigos y parientes era más fácil poder visitarlo. Sospecho que, pese al cambio, la afluencia de público sigue siendo la misma y no creo que eso vaya a cambiar así que, pese a lo público del asunto, me sigo sintiendo en intimidad.
Por otro lado, si se diera el caso de que alguien que no me conoce, por azar, acabara leyendo ésto creo que no sería nada grave. Lo más probable es que, simplemente, no encontrara nada de lo que digo interesante y pasara a otra cosa. Lo más improbable es que dicho desconocido decidiera seguir leyendo y se entretuviera con mis historias. Lo más bonito sería que, si eso pasara, lo que quiero explicar ahora pudiera serle de ayuda si es que se siente cercano al asunto.
Dicho ésto, empezaré por el principio.
Ayer tuvimos nuestra segunda visita ginecológica y, desgraciadamente, nos llevamos una gran desilusión. El corazón del bebé se había detenido y parecía haberlo hecho hacía ya una semana. Aunque el embrión, ya sin vida, seguía en mi útero nuestro embarazo se había truncado. Puesto que tuve algunas pérdidas, el ginecólogo me administró progesterona para remediarlas y quizá ésto, sumado a mis ganas, explica que mi cuerpo no se deshiciera del embarazo de manera natural. Dadas las circunstancias, y más allá del golpe que supuso enfrentarse a la realidad, tuve que someterme a un aborto de urgencia. El día que esperábamos con tantas ganas acabó en el hospital y conmigo pasando mi primera noche de ingreso hospitalario desde que pariese a mi hija.
La primera de nuestras visitas, de hecho, tuvo lugar hace dos semanas y ahí confirmamos que ciertamente estaba embarazada y que el embrión estaba bien. Su corazón latía y todo parecía normal. Tenía algunas pérdidas pero, tras oir el latido, no parecían graves. Yo me encontraba bien y todo parecía indicar que, en esta ocasión, el embarazo iba a continuar. Eso era algo muy importante porque, tan sólo unos meses antes, tuve otro aborto pero en ese caso fue de forma natural y no llegué a hacer ni la primera visita ginecológica. Cuando tuve ese aborto fue en urgencias donde hice mi primera ecografía para confirmar que, desgraciadamente, mi útero ya estaba vacío. Había tenido lo que se conoce como aborto espontaneo. Un aborto natural que normalmente se produce entre la sexta y la octava semana debido, principalmente, a problemas cromosómicos del embrión. En otras palabras, el aborto se produce porque el embrión tiene algún defecto genético que lo hace inviable para la vida. Sorprendentemente, descubrí entonces que este fenómeno pasa más a menudo de lo que pensaríamos y entonces, pese a la desilusión, asumí que la estadística me estaba simplemente ajustando al canon. Fue difícil pero creimos que en la siguiente ocasión todo resultaría mejor.
La segunda ocasión se presentó hace nueve semanas pero desgraciadamente tampoco ha surtido. Tengo muchas preguntas y necesidad de respuestas. No sé si la estadística (tan fría e impersonal) está volviendo a ajustarme al más doloroso de sus cánones. Quizá mis dos abortos seguidos han sido simplemente fruto del azar y yo represento a ese escaso porcentaje de mujeres que lo sufren estando perfectamente sanas y sin problemas para procrear. Algo me dice que eso es, estadísticamente, posible. Pero algo me dice también que lo más probable es que, quizá, algo esté pasando y no lo sepamos todavía. Pero en realidad no sé nada de todo eso.
De momento lo único que sé es que hoy parece un día mejor que ayer. No siento dolores aunque me siento cansada. Supongo que es simplemente normal y que mañana, seguro, el día será mejor que hoy. Y el siguiente, mejor que mañana. En eso estamos ahora. En eso seguiremos mañana.
Con la decepción del primer aborto intentamos mantener en secreto, por así decirlo, esta nueva oportunidad. No queríamos tener que dar malas noticias a nadie. Ahora pienso que no compartir ciertas cosas es también un error. Me encantaría poder charlar con la gente que quiero para decirles que lamento que quizá sepan de todo ésto en este momento. No pretendía que esto sucediera así. Deseaba mucho poder anunciaros que estaba embarazada y que todo iba bien. Pensaba que eso sucedería en tan solo un par de semanas. Ahora pienso que quizá también fue un error no decir que me encontraba en esta situación. Por todo ésto he decidido escribir aquí sobre lo que ha pasado. Siempre intento explicar aquí cosas que me pasan y hacerlo con humor porque, a mí, no me sale de otra manera. Espero poder hacer eso también pero esto que ha pasado es importante y no sé si ocultarlo me ayuda demasiado.
Cuando hice mi test de embarazo reinicié mi proyecto de hacer una foto cada día durante un año. Era algo que me prometí, precisamente, cuando tuve mi anterior aborto. Lo reinicié hace un par de semanas copiando a mi querido Edu en el formato y de forma secreta. Quería, y puede sonar estúpido, publicarlo y ofrecéroslo junto a la sorpresa de que esta vez, esta vez sí, estaba embarazada y este año que venía iba a ser el año de mi segundo embarazo. Era algo que me hacía ilusión y que me ayudaba de algún modo.
Ayer con una pena enorme me pregunté también si debía continuar con ese proyecto. Ahora parecía absurdo y totalmente distinto a lo esperado. Ayer lloré mucho pero cuando iba al hospital cogí la cámara y le dije a Marc que sí iba a seguir haciendo la foto del día. Él me dijo que le parecía lo mejor que podía hacer. Pensé que, contrariamente a lo que pudiera parecer, el sentido de aquella promesa que me hice tenía ahora más sentido. Espero seguir con ello y espero que, en este año que tenemos por delante, vuelva a estar embarazada. Que vuelva a estarlo y que, esta vez sí, pueda tener el bebé que queremos tener. Será bonito que sea posible y que, algún día, todas esas imágenes puedan ser un regalo para nosotros. Un resumen en imágenes de un año que fue duro pero que acabó de la mejor manera que uno pueda soñar. Y tengo miedo pero prefiero decirlo. Por lo menos me deshago del miedo a decir que tengo miedo. Sólo por eso ya vale la pena.
Un beso muy grande. Os quiero mucho.
hola mi nena,sigo insistiendo, espero que algo te llegue,que el cielo me inspire, te queremos un monton. todos tus hermanos y nosotros...aita y yo,ya....mañana sera otro dia y mejor,.no tengas ningun miedo, tengo la absoluta certeza de que no tienes nada,eres perfectaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
ResponderEliminar