Según el calendario escolar francés, esta semana y la siguiente es vacacional y quizá por ese motivo yo tampoco tengo clases de francés en la academia. Oh-la-la! que dirían otras personas menos afortunadas...
En cualquier caso, y aprovechando la coyuntura, ayer decidimos ir a cenar a Ginebra y hasta allí cogimos el tranvía para descubrir que, milagro, la noche no caía hasta casi las 7 de la tarde. Todo un récord. También descubrimos que en la calle no hacía un frío siberiano y que, incluso, se podía pasear un poco a gustito.
Hombre, no pretendo afirmar que ya se puede ir en chancletas y bermudas pero...¡Pero algo es algo!
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