El sábado amaneció gris y así continuó todo el día. Por suerte, los termómetros no hicieron de las suyas y se podía pasear por la calle sin parecer un pingüino. Cosa de agradecer.
Nos fuimos a Ginebra de paseo y visitamos, again, su museo de historia natural. Gratuito y perfecto para soltar a Jone un buen rato. Cosa que disfruta como una loca desatada sin prestar aún mucha atención a lo que allí se puede ver. Muy normal cuando se tiene año y medio...
Por otro lado, como con Jone la visita nunca puede ser en profundidad, siempre que repetimnos hemos acabado descubriendo novedades en sus pasillos. ¡Cosa que también está bien! Vamos, que como plan familiar, es de lo más amortizable. Y cuando Jone sea más grande pues dará para más. ¡Todo un ofertón!
De momento el tema da de sí cuando Jone parece conectar con algún
animalillo de allí. Animalillo, sea dicho de paso, pasado por la
taxidermia, claro. Pero para verlos en acción y no rellenos de serrín
habrá que esperar a que mejore el tiempo. Los zoos de la ciudad aguardan
y ya se sabe que la cabra siempre tira p'al monte.
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