jueves, 19 de noviembre de 2009

Historias en el ascensor. Episodio 0.

El edificio Columbia, donde tengo mi pequeño zulo aquí, no sólo tiene problemas con la limpieza sino que tiene el grave inconveniente de disponer sólo de un ascensor para satisfacer las necesidades de todos sus residentes. El tema no sería grave si no fuera porque el edificio tiene 19 plantas y para más INRI servidora vive en la número 17.
El tema del ascensor es apasionante. Creo que tendré que ofrecer todas las historias acontecidas en él en varios fascículos como así lo hice con la visita a USA.
Para empezar cuando llegué a Auckland, y finalmente a mi edificio, me pasó una historia que la voy a explicar para que os descojonéis a mi salud...
Me meto en el ascensor y aprieto el botón 17 para llegar al, por entonces, desconocido zulito que me había tocado. Ya en el ascensor intuyo que el edificio es bastante guarrete (tema el de la guarrería que merecerá mi atención más adelante).
Como decía, aprieto el botón 17 e inicio lo que yo creo que es mi ascenso a mi planta. En el primer intento llego a la planta 10 y, para mi sorpresa, retorno a la planta número 1.
Con mis maletas, con mi cansancio y con el recuerdo de mi compañero de viaje neozelandés demasiado reciente, vuelvo a intentar mi ascenso. Llego a la planta 15 y de nuevo me vuelvo a la planta número 1.
Así amigos hasta un par de veces más...
En mi casi desesperación, aprovecho que una asiática entra en el ascensor para preguntarle si el cacharro funciona bien y ahí, en ese momento, se produce el clímax del tema. La buena asiática me dice que para activar el ascensor, uséase para que me haga caso, debo utilizar la tarjeta que me han dado junto a mi llave del zulo...
Esta mismamente:


¡Osea que me pasé 15 minutos de mi vida subiendo y bajando en ese maldito ascensor!
Aún hoy pienso que alguién me envió un ángel de la guarda metamorfoseado en "china" para sacarme del entuerto...
¡Menos mal!

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