Allí es más o menos donde voy cada vez que me pongo el neopreno e intento alcanzar algún objetivo estratégico para mi entrenamiento de pacotilla. Por objetivo estratégico entenderemos cualquier punto o elemento de referencia para nadar. Destacan a tal menester la socorrida plataforma de salto, la típica boya a tomar por culo, la señora con gorro floreado que quiere suicidarse, los matojos de juncos que no esperabas desayunar, o el barco que parecía más cerca y que, como la boya, está a tomar por culo también...
Todos estos objetivos son, cuanto menos, útiles para constatar que lo de ir en línea recta en el agua es harina de otro costal y que en mi caso es, simplemente, imposible. El domingo que viene espero participar en la triathlon de Ginebra y ahí tengo que nadar 500 metros. Yo intento visualizar a ojo tuerto cuántos son esos 500 metros en el agua pero me temo que, ni acertando con los objetivos, soy capaz de economizar un poco el asunto. El domingo, en cualquier caso, saldremos de dudas.
"Manolo, cuando lleguemos a la playa hazme un favor...¡¡Recuérdame que no vuelva a salir a nadar contigo en la puta vida!!"(*)
(*)Aquí un infeliz que se fió de alguien sin orientación acuática...

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