domingo, 29 de septiembre de 2013

¡Y por muchos más!

Mi Hombre ya se ha plantado en los 37 y esa ya es una cifra nada desdeñable. Pese al grosor creciente de la cifra, su portador sigue en buena forma. ¡Doy fe! 

Este año Mi Hombre ha sido agraciado, además, con un regalo de los guapos. Le he regalado un traje de superheroe (vulgarmente llamado neopreno) y no veas lo contento que se puso al descubrirlo. El efecto neopreno es un misterio digno de ser estudiado.

En cuanto dejamos a La Cachorra en la guardería, nos fuimos a nadar al lago. Nuestra particular cita romántica después de más de dos años. Increible pero cierto. 

El lago estaba como un espejo y Baños de Paquis casi desierto. Los patos parecían tan incrédulos al vernos como las cuatro gentes que allí estaban tomado café. Dimos una vuelta al espigón y, aunque suene tonto, fue de lo más especial. El tiempo se nos echó encima y nos tuvimos que quitar el neopreno a toda velocidad porque teníamos que recoger a La cachorra y se nos había hecho tarde. Salimos literalmente corriendo de allí con una alegría que, con el paso de los años, menos capaz soy de definir.

  

Cosas a celebrar

Inicialmente lo de marcharnos a Creta no figuraba en nuestros planes pero ya se sabe que, muy a menudo, la vida tiene otros planes para tí y tu rumbo cambia repentinamente. En esta ocasión, no obstante, el plan inesperado que la vida nos ha deparado es de los buenos. 

Después de muchos intentos y esfuerzo, Marc ha conseguido un nuevo contrato en el CERN y pasará a ser lo que se conoce como personal staff . Lo de staff, en castellano raso y sin toque rimbombante, no es más que pasar a ser contratado directamente por el CERN y, en definitiva, tener un contrato de verdad. 

Marc, hasta ahora, estaba subcontratado y, por no tener, no tenía ni contrato. Estaba trabajando, tal cual, por obra y servicio. Contratado (sin tener contrato) por CMS, asociado a su vez a la Universidad de Wisconsin y, rematando la faena, pagado por el CERN pero, claro está, por un precio más apañado. Resumiendo la cadena de despropósitos, Marc hacía un trabajo por el que recibía menos pasta y menos prestaciones. Y punto. 

Esta nueva etapa profesional de Marc, más allá de ser mejor económicamente hablando, está destinada a durar 5 años. Sí, tenemos 5 años por delante a partir del 1 de Octubre y por eso, con un mes de Septiembre de repentinas vacaciones, nos fuimos a Creta. 

Durante su ardúo proceso de selección tuvimos muchas conversaciones sobre lo mucho que nos cambiaría la vida si finalmente Marc fuera el elegido. Sobre el hecho de vivir una buena temporada aquí y sus implicaciones. Sobre la distancia con los nuestros y el hecho inequívoco de tener una hija nacida española pero francesa de adopción. Sobre llegar a hablar bien francés y, sobretodo, en mi caso poder iniciar aquí una faceta también profesional. Sobre aumentar la familia aquí y tener un nuevo cachorro francés de nacimiento pero quizá español de adopción en un futuro. Sobre un retorno a cinco años vista. Sobre esa sensación de no pertenencia que quizá sólo quien ha vivido algo similar comprende. Sobre muchas cosas que bien, bien, no puedo explicar.

Personalmente creo que es una oportunidad pero también confieso que, como suele pasar, no sabes cómo te sientes ante una experiencia hasta que ésta sucede de verdad y en mi caso, ahora, siento un poco de vértigo. Creo que aquí viviremos muy bien y tenemos la suerte de conocer gente estupenda a los que puedo llamar amigos. Aquí estamos muy bien, sí, pero en cinco años yo me plantaré en los 40. Mantener el contacto con los tuyos no es tan fácil como puede parecer y en cinco años pasa de todo. Cuando llegue el momento de regresar...¿Querremos regresar?¿Realmente regresaremos? Marc, por ejemplo, en 5 años llevará 13 emigrado. Y yo sumaré casi 8...

El vértigo del que hablaba, vamos. Pero no quiero que esto parezca lo que no es. Es, sobretodo, una oportunidad y hay que celebrarlo. Marc además se ha plantado en 37 castañas esta semana y, sumado a todo el rollo que os he soltado, decidimos hacer una cena ayer mismo para celebrar ambas cosas. 

Los asistentes al evento han tenido la oportunidad de participar en otro de mis proyectos absurdos: The pinkglasses show.  

De momento, la cosa está así...


Con cinco años por delante será gracioso ver cuánta gente pasa por casa en todo este tiempo. Y bonito será, con suerte, completar un pedacho de poster enorme que pueda colgar en mi futura casa (quizá en España) cuando esta etapa se acabe. Una manera de llevarnos un trocito de la gentuza majeta que tuvimos la suerte de disfrutar estando aquí.

Como Jone estuvo un tanto plasta con tanta gente en casa, algunos invitados se me escaparon pero espero poder solucionarlo en un futuro. Vamos a estar por aquí un rato para poder hacerlo :)

viernes, 27 de septiembre de 2013

Creta

Estas inesperadas vacaciones nos han llevado hasta Creta y allí nos hemos perdido durante dos buenas semanas.

Hace unos añitos estuvimos en Grecia  pero entonces visitamos la Grecia continental. Esa gran desconocida que poco tiene que ver con las típicas imágenes helénicas de casitas blancas y cúpulas azules sobre un mar turquesa de fondo. Esas típicas imágenes que, digo yo, corresponden a Santorini o Mikonos y que, confieso, no he visitado en mi vida. Esas imágenes que, seguramente sospecho, se deben dinamitar visitando, precisamente, Mikonos y Santorini cuando descubres que allí esas bucólicas imágenenes de calles solitarias han sido substituidas por hordas de turistas y por una banda sonora de los últimos éxitos del verano  más pornomacarra que algún descerebrado haya ideado, supuestamente, para bailar. 

Allí seguramente es imposible echar una foto típica griega. Esa foto con esa puerta azul preciosa enmarcada por una pared blanca immaculada y con una auténtica octogenaria griega vestida de negro mientras sentada, como lo hiciera ya su tatarabuela, fabrica zapatillas de esparto que venderá después en la plaza. La señora tiene a sus pies, además de las zapatillas de esparto tradicionales, un gato rubio dormido placidamente. Un gato precioso que contrasta de manera perfecta con el blanco de la pared, el azul de la puerta y el negro del atuendo de la anciana. Anciana que, para rematar, nos sonríe como si nos invitara a comer sardinas en su casa. Esas sardinas tradicionales que ya hiciera también su tatarabuela y que sigue haciendo en su cocina. Cocina que está dentro de la susodicha casita blanca por la que se accede a través de la puerta azul maravillosa...¡Pues bien! Seguramente la señora tejedora en el Santorini real se ha mudado o ha dejado de tejer zapatillas de esparto porque es un verdadero coñazo. O claro está, quizá usted tiene la megasuerte de topar con la última tejedora de zapatillas de esparto, con la puerta y con el gato rubio (con todo el pack). Lo malo en este caso es que también se encontrará con las hordas de turistas y con la música pornomacarra de fondo. La música, por suerte, no saldrá en la foto pero sí lo hará el italiano hortera con pelo engominado saludando a la cámara. La estampa, no lo dude, no será igual que la postal que le mandó su prima cuando visitó Santorini y le contaba lo maja que era la anciana tejedora en cuestión. No se lo tome mal. Su prima es una cachonda y usted un poco ingenuo...

¡Pero a lo que iba! Nosotros hemos estado en Creta y, resumiendo muchísimo, hemos perreado y comido calamares. Plan simple donde los haya pero reconfortante como pocos. 

Debo decir que venimos absolutamente renovados pero también debo decir que, en mi opinión, Creta está un poco sobrevalorada. Nunca he estado en ninguna de las islas españolas pero sospecho que no tienen nada que envidiar de Creta. Es más, la Costa Brava, ahora que no me oye ningún cretense (que no cretino), le da 300 patadas a Creta.

Al margen de esta crítica, un tanto rastrera, lo mejor de allí es ese viaje en el tiempo a lo que seguramente fue la España de los años sesenta. Allí aún reina la cultura compadre y es muy normal que la gente deje el coche en quinta fila o que el autobús se detenga en plena curva para que un paisano baje a su huerto. Por otro lado lo del idioma me encanta. Me encanta el sonido del griego y ese exotismo, claro está, no lo tendría en Port de la Selva. En Port de la Selva también me ponen una tapa de calamares cojonuda pero entiendo perfectamente lo que dice el tipo de la mesa contigüa. Alguien que, por ejemplo, habla de lo buena que está Scarlett Johanson y de otras apreciaciones que, mientras mastico mis calamares, me interesan lo más mínimo...

Pero si usted lector tiene ganas de ir a Creta, vaya usted tranquilo que los calamares están muy buenos y el pulpo a la brasa ni le cuento.

 

jueves, 5 de septiembre de 2013

Motivación. Videos para correr y para todo lo demás (Vol.4)



Modo de empleo: ¡Lucha, lucha, luchaaaaa! Si está más claro que el copón...



Modo de empleo: ¡Pues tanto de lo mismo!



Modo de empleo: No, aquí no luche...¡Haga caso del diablo!¡Déjese llevar, déjese llevaaaar!



Modo de empleo: Sería muy grande ser como Clint Eastwood pero no intente lo mismo en Las tres mil viviendas o similares. Confórmese con imaginarlo. Visualice ese poder, esa presencia, esos huevos bien puestos...



Modo de empleo: Visualizar. Llorar. Volar.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Hito natatorio

¡¡Hoy he nadado 1500 metros seguidos en la piscina!! (*)

"¡Coño!Al final va a a ser que Diós existe..."

(*) Y en 31:11, señoras y señores. ¡¡¡¡YeeeeeEEeeEeeeEepppaaaaaaaaaa!!!!

Pues a nadar

Parece que mi gemelo ha decidido ser un poco piadoso conmigo y hoy ya me siento mucho mejor. Por lo menos puedo caminar y, aunque creo que me he vuelto a romper, la lesión me parece ahora menos grave. Pero en cualquier caso lo de corretear va a tener que esperar por un tiempo...

Lo de aparcar el corretear es un palo pero, por suerte, siempre se pueden hacer otras cosas y en esas estamos. Gracias al veranete que aún tenemos he podido comprobar que mi gemelo sí me deja nadar y anteayer decidí hacer una serie de 1000 metros por vez primera para ver qué pasaba. La hice tranquilamente y lo que pasó es que pude completarla sin morir ahogada.

Ayer repetimos piscina y volví a nadar 1000 metros pero en esta ocasión no pude resistir la tentación de saber cuánto tardaba. Paré el crono en 21:05 pero lo mejor es que me sentí capaz incluso de nadar más tiempo. Me llegan a decir hace sólo unos meses que podría hacer algo así y no me lo creo. Vamos, que lo de querer es poder.Y que a falta de corretear buenas son tortas...digo piscinas...

"¡JA! Así me río yo de sus miserables 1000 metros. Y haga el favor de decirle al nota de detrás que deje de seguirme o no respondo de mis actos..."

domingo, 1 de septiembre de 2013

Aich...

Ayer nos fuimos a Satigny porque me apetecía mucho participar en la Course du Mandement, una carrera de 7 km con un recorrido un poco empinado. El ambietillo era el bueno de siempre y yo tenía muchas ganas de correr.

Calentando me noté un poco cansada pero pensé que quizá aún no me había recuperado de la Triathlon de Lausanne. En cualquier caso no creía que fuera grave y cuando el disparó sonó, ahí que salí. 

El primer kilómetro me pasé tres pueblos y lo hice a 3:40 aún siendo en subida. Frené un poco y ahí que seguí a una media de algo menos de 4:20. Por primera vez en mucho tiempo estaba corriendo de verdad y me sentía dentro de la carrera. Por delante sólo tenía a un par de chicas y, más a lo lejos, al pelotón de una veintena de hombres. El recorrido era empinado pero tendría que empezar a bajar pronto. El día era perfecto.

¡¡Pues bien!! Paso el cuarto kilómetro en la misma situación y por fin empieza el descenso. Estaba entre viñedos cuando el gemelo derecho me da un aviso. Aminoro y al cabo de nada, el muy ingrato, me suelta un zambobazo que me obliga a parar y a acabar caminando los casi 3 km que me quedaban...

Mientras caminaba, y con una mezcla de emociones diversas, me preguntaba por qué me había pasado. Quizá ese primer kilómetro en subida fue demasiado. O quizá, sí que estaba demasiado cansada y, sumado a lo anterior, pues era de esperar. O quizá una mariposa aleteó en la Polinesia y su energia me llegó a mí concentrada en el zambombazo de las pelotas...  

Lo peor no fue, ni mucho menos, lo de tener que caminar hasta la llegada. Lo peor es que ahora mismo estoy coja y me temo que me he roto el gemelo de mala manera. Aich...


Tiene huevos la cosa...

Las gentes que conozcan a Mi Hombre sabrán que éste puede pasar episodios intermintentes de absoluto aislamiento sensitivo. Estos episodios son más acuciantes cuando el tipo se encuentra enfrascado en sus cosas de espía o cuando está haciendo tareas mundanas que, como batir huevos, requieren toda su atención. El caso de Mi Hombre es tan agudo que puedes estar hablándole a un palmo de la cara y, como tenga su libro maligno de programación en las manos, sencillamente ni se inmuta. Personalmente, y supongo que para no precipitar el divorcio, siempre he pensado que Mi Hombre, además de ser un caso clínico de ser humano monotarea, es sencillamente sordo como una tapia. 

¡Pues bien! Tras su reciente chequeo médico quedamos en el restaurante del CERN y ahí me muestra sus resultados. Con cara muy seria me dice: "Bego, los oidos están..." Suspense mantenido que yo acabo exclamando: "¡¡¡Que estás sordo como una tapia, ¿no?!!! Me sonríe (el muy cabroncete) y me dice: "¡Qué va! ¡Están perfectos y hasta me han preguntado si era músico!" Le arranco los resultados y compruebo que, el muy ser, dice la verdad. Después además tiene  los santos cojones de soltarme que, cuando el doctor le ha dado la noticia, lo que le ha constetado ha sido: "Hostia! Cuando lo sepa mi mujer me va a matar..."

Lo que yo te diga...

Adaptation

La Cachorra ya ha cumplido su primera semana en la guardería y estamos en eso que se llama la adaptación.

Lo de la adaptación no es más que el tiempo que un crío necesita para familiarizarse con el nuevo lugar y sobretodo con sus cuidadoras. O dicho de otro modo, el tiempo que un crío necesita para quedarse de buena gana en la guardería o, cuanto menos, sin berrear desconsoladamente. Este proceso es distinto y variable en su duración en función del niño y sus circunstancias. Elemental, querido Watson.

Según nos dijeron, lo que como padres debemos hacer estos días es, una vez llegamos al aula, estar un rato con nuestro cachorro y, tras tiempo prudencial, despedirnos y salir de la clase sin cambiar de opinión aunque nuestro cachorro no comparta la decisión y llore desesperadamente al vernos marchar. Ésto, que dicho así parece una chorrada, es un tanto difícil incluso para una madre que no tenga el Pantoja Power. Teníamos que enfrentarnos a la separación y hacerlo sin que me saliera un peinetón Pantojil de palmo.



El primer día me quedé con ella en la clase alrededor de una hora. La Cachorra estaba de lo más entretenida jugando con los coches y el parquing. Bueno, la verdad que lo que hacía, más que jugar, era acumular los cochecillos cual tesoro valiosísimo y no dejar que ningún otro crío los tocara. Viendo que parecía entretenida en tal menester decidí despedirme de ella y dejarla, por primera vez, a su suerte. Le di unos besitos, le dije adiós y ahí siguió ella protegiendo su particular parque móvil. Ni lloró ni dijo nada. Cerré la puerta con una sensación extraña y me fui a tomar un café a pocos metros de la guardería con Mi Hombre, que aquella mañana tenía chequeo médico y ya se despidió antes de La Cachorra con el mismo resultado.

Según nos dijeron, en caso de que un crío llore mucho rato siempre se llama a los padres para que lo recojan y allí estuvimos, con nuestro café, esperando dicha llamada. La llamada, efectivamente, se produjo pero no al cabo de un cuarto de hora sino de más de una hora. Regresamos a la guardería y allí nos encontramos a La Cachorra aferrada a una de las verjas del recinto como si fuera una presidiaria. Ahí sí que lloraba y cuando nos vió vino corriendo como una flecha. 

La cuidadora nos dijo que la cosa había ido bien aunque La Cachorra mordió a su ayudante, Nichole...¡Tierra trágame! La buena mujer nos dijo que no pasaba nada, que era normal y que, en cualquier caso, había ido bien. Cuanto menos no hubo más heridos.

Al día siguiente dejamos a La Cachorra y lo hicimos tras sólo unos minutos. Aquí la cosa cambió y al momento se puso a llorar. Nos fuimos sin mirar atrás y con un mal rollete en el cuerpo importante. Convencidos de recibir una llamada a los 20 minutos, decidimos ir a hacer un cafe rápido para estar preparados para el regreso. A los 20 minutos se produjo la llamada pero, milagrosamente, nos dijeron que La Cachorra estaba bien y que se le había pasado. La recogimos al cabo de un par de horas y nos la encontramos de la mano de la mujer que el día antes fue mordida, Nichole. Nos disculpamos mil veces más y la mujer, muy amable, nos dijo que el episodio de las mandíbulas era agua pasada y que La Cachorra ya la aceptaba. En fin...

La semana ha acabado sin más episodios caníbales aunque La Cachorra llora cuando nos vamos. El reencuentro es siempre curiosos porque no sabes cómo te la vas a encontrar. El jueves nos la encontramos correteando por el parque feliz y el viernes en el pasillo de su clase esperando a que le pusieran sus zapatillas con la cara llena de churretones. Cositas que pasan y que me tienen preocupada, la verdad.

Continuará...