¡Pues efectivamente, así es! Ayer hice el triathlon de Ginebra y ya os puedo adelantar que no fue necesario recurrir al equipo de salvamento en el lago. Por si alguien esperaba una historia dramática donde casi muero ahogada en el Leman. ¡Que no, que no, que no!
La parte de nadar me tenía de un nervioso que no veas. Yo creo que Mi Hombre ya estaba por ir a pedir los papeles del divorcio. ¿Mi Hombre, tú crees que me voy a ahogar? ¿Mi Hombre, tú crees que llegaré a las boyas o que me iré a tomar por culo?¿ Mi Hombre...? ¡Pobrecito mío!
Pues al final la natación, mira tú por donde, fue lo mejor. El lago estaba como una balsa y no era necesario llevar neopreno. Cosa que, en parte, me dio pena porque ya que tengo traje de superheroe pues, qué coño, lo guapo es poder ponértelo. Pero la temperatura era ideal así que no hacía falta. Bueno, sí había gente que lo llevaba pero ya se sabe que el neopreno da superpowers así que se entiende perfectamente.
La salida es superemocionante. Estás ahí, con el cielo recien estrenado y con un montón de desconocidos que, en su locura, también han decidido que no había mejor manera de empezar el día. Y cuando suena el disparo pues todo el mundo al agua.
Yo me había propuesto empezar tranquila y rezagada. Todo para ahorrarme la marea de hostias que acompaña a estos inicios. Pero claro, yo creo que lo del disparo activa un comportamiento autómata en mí cuerpo fruto de los años de entrenamiento atlético. Con el disparo, la estrategia se va a la mierda y ahí que salgo (contra mi voluntad) olvidándome de lo de "espérate un par de segundos y ahórrate la marea de hostias". ¡Y vaya que si salí! Me comí no sé cuántos pies y regalé no sé cuántas coces a aquellas gentes desconocidas que no sabían mejor manera de empezar un domingo cualquiera. ¡Y qué emoción!
Cuando el modo autómata me abandonó (cosa que sucedió a los 10 segundos) pues ya incorporé el modo racional al sistema operativo y empecé a nadar pensando en que, efectivamente, la boya estaba a tomar por culo (perdón por la expresión) y que, si no quería montar un numerito de salvamento, más me valía ir tranquilamente. Pero claro, algunas de esas gentes desconocidas ya se habían acostumbrado a mi presencia y, concretamente, me las tuve que ver con un par de nadadoras que, no sé por qué, se imantaron a mi cuerpo como las rémoras lo hacen a los ballenatos. ¿Pero es posible nadar, literalmente, por encima de otra persona? Os digo yo que sí, que es posible. Yo lo hice y lo más fuerte es que, quien me tuvo encima, parecía disfrutarlo. ¡Tengo que llamar al tío de Cuarto Milenio!
"Buenas noches amigos del misterio. Hoy hablaremos del enigmático caso de la triatleta rémora. Un caso espeluznante."
Pues sí, Iker, sí. El asunto es muy fuerte pero la cosa no acabó ahí.
La movida después de nadar es que tienes que ir a por la bicicleta a la zona de transición que en este caso estaba donde Cristo perdió la gorra. O a tomar por culo, directamente. Pero ahí que vas en bañador y con la marca de las gafas en la cara corriendo por la calle.
La parte de la bicicleta es tremenda. ¡La gente va a unas velocidades increibles! Otro día hablaré de esta fase porque no tiene desperdicio.
Como ahora mismito vamos a empezar el visionado de una pinícula, dejo por hoy el relato historiado de esta particular aventurilla. Aventurilla que espero repetir y que recomiendo a cualquier persona inquietada por el fenómeno de la rémora humana o que, en su defecto, desee empezar el domingo de una manera diferente.

Impresionante. Aprovecha ahora que tienes edad para estas cosas que cuando cumplas los cuarenta ya verás qué risa.
ResponderEliminarQuerido amigo Edunardo, le recomiendo encarecidamente el visionado y seguimiento de los videos motivantes para correr y para todo lo demás. Usted también puede :)
ResponderEliminarja,ja,ja,ja que me troncho nenaaaaaaa,lo tuyo es escribir,dejate de mandangas hija, te lo dice tu marreeeee ,y el proximo planeta para mi nena,dale mas a la pluma y de vez en cuando a los pedales...consejo madre china , puritita sabiduria no mas.
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