Si tienes vehículo y no quieres pasar el invierno en la cuneta de la autovía, este gadget es imprescindible. Con estas ruedas postatómicas lo de las cadenas se torna un recurso tercermundista e innecesario. Se acabó lo de salir con ese frío del copón a colocar las cadenas cuando no sabes ni cómo hostias hacerlo y se acabó también lo de perderlas tras rodar 50 metros.
"Pepi esto no hay Diós que lo ponga...¡Y coge el perro que se nos hiela!"
Con el pneumático de invierno, efecto cadenas permanente y sin doblar el espinazo. Todo ventajas si no fuera porque antes hay que ponerlas, claro.
Bueno, si eres suizo o un ser humano de los responsables, el cambio de pneumáticos lo haces cuando toca y no cuando tu casa y tu pueblo parecen el jodido decorado del anuncio de la coca-cola de este año. Si eres español, latino o un ser humano de los que funciona a salto de mata pues lo normal es acordarte de las ruedas de invierno cuando ya la bajada del parquing de tu casa se hace a vida o muerte. Nuestro caso fue el de... ¡Adivina, adivinanza!
Bueno, después de dos días consecutivos de nevada, el día amaneció milagrosamente soleado aunque seguramente sólo la intervención divina hizo posible que pudiera sacar mi Skodi por la rampa del parquing. Eso y que el Skodi está curtido en mil batallas de nieve...
Salimos, como decía milagrosamente, y decido ir directamente al imperio de las ruedas de la región. Un megataller al que debíamos haber ido semanas antes, como los buenos suizos, vamos. Llego al lugar y allí descubro a docenas de seres humanos de los que funcionan a salto de mata. Somos un ejército de melones.
Al aproximarme a la entrada, un chico majete me da un número cual cliente de la pescadería y me dice que tendré para unas dos horas. Dos horas. Por supuesto, iba con Jone por lo que la tarde prometía.
Aparco el Skodi y me dirijo a recepción. Allí se congrega el ejército de melones que, como yo, han sido atrapados por la nieve y necesitan soluciones. En un largo mostrador se encontraban los mecánicos y vendedores. La operación debía ser rápida pero sólo allí tuve que esperar unos 45 minutos. A todo esto Jone correteando por entre las piernas de todo el mundo. Imposible cogerla en brazos más de cinco minutos...
Cuando llegó mi turno, lo juro, elegí y pagué las ruedas en menos de 7 minutos. De allí pasé a la cafetería donde Jone sí podía corretear pero, misterios de la vida, prefirió quedarse a mi vera cual perro lazarillo.¿Por qué no hizo lo mismo en la sala de antes? Bueno, lo de quedarse a mi vera sólo duró un rato y después vuelta al ruedo. Y así casi tres horas, amigos.
Cuando finalmente nos trajeron el coche casi me pareció oir música celestial. La música celestial se detuvo cuando Jone me hizo un pequeño número a lo increible Hulk para no entrar en su sillita. Tuve que volver a la cafetería y darle teta. Ella también estaba muy cansada, claro.
Finalmente pude meterla en su sillita y salimos del megastore del pneumático con nuestras flamantes ruedas de invierno. Jone al poco rato cayó dormida y en la radio sonaba "I will survive". Era un momento perfecto pese a que tenía los brazos agarrotados. Está claro, Jone ya pesa un quintal...

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