martes, 25 de diciembre de 2012
martes, 18 de diciembre de 2012
domingo, 16 de diciembre de 2012
En compañía de perros.
Después del atracón de ayer, esta mañana, he decidio salir a correr. Llevaba 300 metros de trote cuando dos perros han aparecido a mi vera cual cabritillas desbocadas. Más o menos como estos figuras pero por el medio de la carretera...
En el momento de la aparición canina he tenido que hacer que un coche frenara para que no acabara atropellando al pequeñajo. Por suerte no ha habido canicidio y me he ahorrado el disgusto de tener que enterrarlo improvisadamente en nuestro jardín...
Los perros han seguido corriendo a mi lado y además de lo más contento. Encima los conductores, al pegar frenazos forzosos, me miraban como si yo fuera la dueña. Vamos, que debía deshacerme de ellos. ¡Y rápido! Aprovechando un despiste cánido, he dado mediavuelta y he salido corriendo cual carterista por las Ramblas. No era el plan deportivo que esperaba pero, con el frenesí de la vuelta, creo haber descongestionado mis arterias para unos cuantos años. ¡Lista para otro colapso gastronómico!
sábado, 15 de diciembre de 2012
¡Pedacho pavo, oye!
Marc llevaba unos días de lo más motivado con la idea de cocinar un pavo relleno al horno. ¡Bueno! tan motivado estaba que pretendía hacerlo un viernes después del trabajo...Que yo de pavo no entiendo nada pero sí he visto una jartá de pelis americanas donde te muestran, bien clarito, que hacer el pavo de acción de gracias es un infierno. ¿Pero qué sería del mundo sin gente intrépida? ¡Pues un soberano coñazo!
Pues dicho y hecho, hoy Marc ha cocinado su pavo y, para dar fe del resultado, hemos invitados a algunos amigos. Los colegas han dado fe y han dado fe de que el pavo ha quedado buenísimo. Lo estaba seguramente porque Marc es un crack y porque el tipo se lo repensó y decidió tomarse toda la mañana del sábado para hacerlo. ¡Y rico, rico! que diría Arguiñano.
Además hemos hecho el tradicional intercambio de libros a lo amigo invisible. ¿Y cómo se hace eso? ¡Pues muy fácil! Primero debe usted tener amigos. Segundo, debe convencer a sus amigos para hacerlo. Tercero, y ya puestos en el tema, usted escoge un libro de su estantería, lo envuelve cual regalo y lo lleva al chabolo donde se vaya a producir el intercambio. Una vez allí, pone su libro junto al resto, hacen un juego para amenizar el intercambio y sales de casa de tu colega con un libro diferente al que llevaste. Fácil, ¿no?
Se supone que lo ideal es coger un libro de tu estantería que consideres recomendable. Osea, se supone que no debes coger el peor libro de la historia para hacer huequito en tu estantería. ¡Ese no es el espíritu! Lo suyo, diríamos, es ofrecer en estos tiempos entrañables algo bueno al prójimo. Como siempre en estos saraos, además de libros güenos siempre acaban apareciendo los truñolibros. Esos libros detestables que no se ha leído ni el autor y que uno desea ver desaparecer de su casa. Lo bueno de estos truñolibros es que, como el turrón, vuelven cada año por navidad y su propietario siempre espera poder desembarazarse de ellos.
Este año los truñolibros han sido:
"¡Todo un clásico!" diréis vosotros, sí. Pero léetelo en inglés....¡Juashhhh!
Este debe ser la hostia pero como seas canadiense y no hables español. ¡Lo flipas, fijo!
¿Queda acaso alguien sobre la faz de la tierra que no lo haya leído? ¡Y lo que ocupa el jodío!
El ganador. El truñolibro del año. Según decían hoy, no falla a ninguna de las citas navideñas y alguien hablaba de un tal Berengueres como del culpable de ponerlo en circulación. ¡Hasta el año que viene, pues!
Ahhhhhh, qué entrañable selección la de esta noche. A mí me ha tocado uno de un tío que hace el camino de Santiago con su burro. Según parece promete. La verdad que esto del intercambio de libros no sería lo mismo sin los truñolibros de por medio. ¡Un brindis por ellos, hombre! ¡Me encantan!
Pocoyo en tandem.
Esta modalidad de visionado se puso en práctica la semana pasada cuando, estando de nieve hasta arriba, Jero y
Meri nos invitaron a comer paella en su casa. Y claro está, no pudimos
resistirnos a tan generosa invitación y en Chevry nos plantamos para
pasar el día.
La paella estaba de muerte y el día de nevada intensiva dió para mucho. Jone además nos regaló una siesta de esas que valen un imperio. Una de
esas siestas que te dejan disfrutar durante un buen rato de la buena
compañía sin estar mirando a ver qué trastada hace tu cachorra por ahí. ¡Es-tu-pen-do!
miércoles, 12 de diciembre de 2012
La botas de nieve.
Está claro que caminar por la nieve se ha hecho toda la vida y con menos florituras. Sin embargo todo invita a comprarte tu calzado para ir ultrapreparado y, supuestamente, evitar un revolcón en la nieve.
Pues bien, como ya sucediera en el megastore del pneumático, estos días las tiendas de ropa y calzado están siendo invadidas por hordas de ciudadanos sedientos de equipación invernal. Todo el mundo (yo entre ellos) se ha dado cuenta de que con sus bambuchas se pela de frío y que salir a comprar el pan es como irte de paseillo por el ártico.
Bueno, finalmente me compré mis botas superatómicas para la nieve y ¿qué ha pasado? Pues que me las puse y me salieron unas ampollas que me cago en la madre que parió a Panete...
Las tengo momentaneamente aparcadas en el zapatero con la esperanza de que sólo sea un mal comienzo en lo que, espero, será una larga relación de amistad. Ya os contaré...
El pneumático de invierno.
Si tienes vehículo y no quieres pasar el invierno en la cuneta de la autovía, este gadget es imprescindible. Con estas ruedas postatómicas lo de las cadenas se torna un recurso tercermundista e innecesario. Se acabó lo de salir con ese frío del copón a colocar las cadenas cuando no sabes ni cómo hostias hacerlo y se acabó también lo de perderlas tras rodar 50 metros.
"Pepi esto no hay Diós que lo ponga...¡Y coge el perro que se nos hiela!"
Con el pneumático de invierno, efecto cadenas permanente y sin doblar el espinazo. Todo ventajas si no fuera porque antes hay que ponerlas, claro.
Bueno, si eres suizo o un ser humano de los responsables, el cambio de pneumáticos lo haces cuando toca y no cuando tu casa y tu pueblo parecen el jodido decorado del anuncio de la coca-cola de este año. Si eres español, latino o un ser humano de los que funciona a salto de mata pues lo normal es acordarte de las ruedas de invierno cuando ya la bajada del parquing de tu casa se hace a vida o muerte. Nuestro caso fue el de... ¡Adivina, adivinanza!
Bueno, después de dos días consecutivos de nevada, el día amaneció milagrosamente soleado aunque seguramente sólo la intervención divina hizo posible que pudiera sacar mi Skodi por la rampa del parquing. Eso y que el Skodi está curtido en mil batallas de nieve...
Salimos, como decía milagrosamente, y decido ir directamente al imperio de las ruedas de la región. Un megataller al que debíamos haber ido semanas antes, como los buenos suizos, vamos. Llego al lugar y allí descubro a docenas de seres humanos de los que funcionan a salto de mata. Somos un ejército de melones.
Al aproximarme a la entrada, un chico majete me da un número cual cliente de la pescadería y me dice que tendré para unas dos horas. Dos horas. Por supuesto, iba con Jone por lo que la tarde prometía.
Aparco el Skodi y me dirijo a recepción. Allí se congrega el ejército de melones que, como yo, han sido atrapados por la nieve y necesitan soluciones. En un largo mostrador se encontraban los mecánicos y vendedores. La operación debía ser rápida pero sólo allí tuve que esperar unos 45 minutos. A todo esto Jone correteando por entre las piernas de todo el mundo. Imposible cogerla en brazos más de cinco minutos...
Cuando llegó mi turno, lo juro, elegí y pagué las ruedas en menos de 7 minutos. De allí pasé a la cafetería donde Jone sí podía corretear pero, misterios de la vida, prefirió quedarse a mi vera cual perro lazarillo.¿Por qué no hizo lo mismo en la sala de antes? Bueno, lo de quedarse a mi vera sólo duró un rato y después vuelta al ruedo. Y así casi tres horas, amigos.
Cuando finalmente nos trajeron el coche casi me pareció oir música celestial. La música celestial se detuvo cuando Jone me hizo un pequeño número a lo increible Hulk para no entrar en su sillita. Tuve que volver a la cafetería y darle teta. Ella también estaba muy cansada, claro.
Finalmente pude meterla en su sillita y salimos del megastore del pneumático con nuestras flamantes ruedas de invierno. Jone al poco rato cayó dormida y en la radio sonaba "I will survive". Era un momento perfecto pese a que tenía los brazos agarrotados. Está claro, Jone ya pesa un quintal...
El apasionante mundo de la nieve y sus gadgets.
Querido lector, si vive usted en latitudes donde la nieve sólo aparece en los anuncios de navidad de la coca-cola posiblemente pueda ahorrarse esta lectura. Si aún así siente curiosidad por saber qué hacer en caso de ser engullido por el bucolismo invernal no se pierda los próximos capítulos. En ellos encontrara lo necesario para vivir civilizadamente y no como lo hace, en algún páramo remoto y frío, el yeti.
"¿Un heladete?"
martes, 11 de diciembre de 2012
domingo, 9 de diciembre de 2012
viernes, 7 de diciembre de 2012
lunes, 3 de diciembre de 2012
El reto de la muerte 2012.
Estoy más contenta que unas pascuas y no es para menos. Contra todo pronóstico corrí la Escalade en 23:01 y lo hice sin desear caerme muerta en un bar del recorrido a media carrera. ¡Que el año pasado os juro que me costó un huevo y parte del otro!
Para mi gusto, una cosa interesante de estos acontecimientos es que te hacen reflexionar sobre el paso del tiempo. Me refiero a que resulta muy fácil rememorar cómo te encontrabas hace un año y no me refiero al aspecto deportivo, ni mucho menos...
Por ejemplo, el año pasado aún vivíamos en nuestro minipiso Ginebrino. Yo no estaba oficialmente de excedencia y Jone, con poco más de cinco meses, necesitaba teta casi a cada momento. Cuando acabé la carrera de aquel año, Marc me esperaba con Jone y, aún sudando, le di pecho. No hablaba ni papa de francés, no sabía qué pasaría en los próximos tres meses...Todo era como muy de paso.
En fin, que las cosas siempre cambian y por suerte, por ahora, lo hacen aún a mejor
Este año Jone me esperaba con Marc correteando detrás de un globo verde. Sobre lo de la teta, debo decir, que aún hoy sigue tomando y pena me da que no hay documento gráfico del momento..¡Que también lo hubo! Pero por lo menos no fue nada más acabar la carrera y pude tomarme mi tiempo para recuperarme.
Marc, por cierto, también hizo mejor tiempo que el año pasado. ¡Estamos que nos salimos!
Y para el año que viene...¡Pues ya veremos cómo estamos el año que viene!
Y aquí unas fotos de la cena en el Tordoya. Un negociete a la sombra de las leyes suizas donde es posible ver a gente fumando viendo el fútbol mientras se toma una de chipis. ¡Sí, sí!¡Y en Suiza, oye!
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)







.jpg)