lunes, 28 de mayo de 2012

¡Ya tenemos fecha!

Ya es oficial, nos casaremos el próximo 6 de junio a las 11 de la mañana en la Mairie de Ginebra. Con esto de las prisas vamos a tener muuuuchas ausencias pero seguro que como éstos no nos vamos a ver. ¡Bueno, eso esperamos! ;)


"Bego, animalet, aquí no hi ha ni déu!" " ¡¡Y yo con estas pintas!!"

Helsinki.

Hace un par de semanas nos fuimos hasta Helsinki para visitar a Nuria. El viaje fue relámpago pero mereció la pena. La capital finlandesa olía a primavera y tuvimos la suerte de disfrutar de los días más cálidos del año hasta el momento. El termómetro, atención, superó los 15º C y nos hizo un solete que bien valía un imperio. ¡Pero si hasta nos tomamos un plato de pescadito frito en el puerto! Como os lo cuento. Pescadito frito en Helsinki. Por lo visto, sólo tres semanas antes, las calles seguían cubiertas de nieve y hacía un frío que crujía.
Con las nuevas horas de luz solar los pajarillos y las flores estaban de frenesí primaveral. No anochecía totalmente hasta las 11 de la noche y amanecía (que no es poco) antes de las 5 de la mañana. De cortinas, los finlandeses no gastan, así que imagino que con esos golpes de luz te tienes que volver mediotarumba. Seas persona, pajarillo o florecilla urbana. Pero ésto ya es una divagación que no lleva a ningún lado... 




Nos lo pasamos muy bien y tengo recuerdos de esos absurdos que no quiero perder. No quiero olvidar que en Finlandia el euro es la moneda circulante. Y no quiero olvidar que lo descubrimos, con cara de poker, en el mismísimo aeropuerto. Tampoco quiero olvidar que los bebés fineses llevan unos monos de invierno atómicos. Son como unos monos anorak-chubasquero. Vimos a un bebé vestido de esa guisa puliendo el suelo del aeropuerto con su gateo. Tampoco quiero olvidar el taller de litografía de la universidad de artes aplicadas. Ni la llave mágica de Nuria. Ni al finlandés cuadrado y enorme paseando su gato cual chihuahua. Ni la zona de humedales. Ni los pájaros que emitían ruidos igualitos a los disparos de cámara reflex. Ni la isla de Suomenlinna ni su empedrado anticarros de bebé de pacotilla como el nuestro. Ni la boda que allí vimos ni los taconazos de la novia para caminar con destreza por aquel lugar. Tampoco quiero olvidar el plato de pescadito rebozado en el puerto. Ni al hombre chino que se hizo una foto con Marc. Ni a las grajillas que surcan el cielo de la ciudad. Ni a los rusos borrachos a las 4 de la tarde. Ni las campañas antialcohol de los tranvías. Ni el silencio de sus gentes. Ni como Jone lo destrozaba con sus hipogritos. Ni al conductor con cresta de uno de los tramvías. Ni las paradas de fresas llegadas desde Lepe. Ni el cafe latte buenísimo que nos tomamos. Ni a Jone paseándose durante casi una hora con el verdulero del apartamento de Nuria. Ni el balancín para "adultos" de los parques. Ni las máquinas tragaperras al salir del supermercado. Ni las terrazas acristaladas de los nuevos edificios. Ni el desayuno que nos tomamos con vistas a un lago estupendo. Ni los pasteles de canela, patata y arroz. Ni el frankfurt sin pan. Ni el pan con mantequilla. Ni la vuelta de locura a Ginebra que nos dió Jone. Ni al pobre hombre francés que estuvo sentado a nuestra vuelta en el avión. Ni la lluvia de galletas saladas que me cayó en pleno avión. Ni al chico coreano sentado justo delante de nosotros. Ni el ataque de risa que tuve en la parada de bus, ya en Ginebra, recordándolo todo.

lunes, 7 de mayo de 2012

Otras cosas que han pasado estos días.

Jone ha comido helado de chocolate por primera vez.


He corrido la Genevoise (5km) y casi me da algo. Aquí haciendo el julay al principio del evento. No hay documento que acredito el estado deplorable de mi llegada. Por suerte...


He cumplido 34 castañas. Y sin darme cuenta.


¡Pues eso!




¡Y que no nos pase ! :)

Spain-Express.

La semana pasada fuimos unos días a las Hispanias en busca de papeleo variado. ¿Pero por qué? Pues porque aquí Magrans y Prados hemos decidido casarnos y, con ello, dejar de vivir en pecado (pero qué horror de frase). O dicho de otro modo, que vamos a formalizar nuestra relación (peor todavía) y que vamos a hacer las cosas bien hechas (jodeeeer, ésta sí que tiene tela). ¡En fin, que nos casamos! 

Pues querido lector, si es usted español, está en edad de merecer y le parece romántico un bodorrio en Ginebra coja lápiz y apunte. Para casarse en Ginebra necesita:

1. Certificado de nacimiento internacional de los novios.
2. Certificados de fe y estado con sello del consulado español. 
3. Si vive en el extranjero, certificado de residencia. También con sello del consulado español.

Si tienen hijos antes de estar casados (¡hay qué ver qué irresponsabilidad!) necesitan además:

1. Certificado de nacimiento internacional de la criatura.  
2. ¡ Y ATENCIÓN! Reconocimiento paterno de la criatura. Este documento no lo tenemos en España ya que, por defecto, el reconocimiento del bebé se apunta en la partida de nacimiento cuando los padres no están casados. Tela marinera...

Todos los documentos escritos en español deben estar traducidos al francés por traductor jurado.

Pues bien, fuimos a Barcelona, hicimos las visitas justas y echamos unos buenos ratos en busca de los papeles. Que si primero al ayutamiento de Igualada. Que después registro civil de Igualada. Que después cagando leches al registro civil de Barcelona. Que remata volviendo a Igualada a por un documento firmado in extremis por no sé qué regidor...Al final conseguimos los papeles y nos fuimos de vuelta para Ginebra.

En Ginebra la gente del consulado se portó de fábula y nos hizo las traducciones de todos los documentos. El único problema era que no teníamos el dichoso reconocimiento paterno de Jone. Volver a Igualada no nos pareció tentador por lo que, con todo el tema lingüístico resuelto, decidimos ir a la Marie de Ginebra ese mismo día a probar suerte. Nos atendió una mujer muy maja (que también hablaba español) y el milagro se hizo efectivo. No nos faltaba ningún papel y nos tramitaron nuestro expediente de matrimonio. El día 22 de Mayo tenemos que ir a hacer una especie de lectura de contrato matrimonial. No es la boda. Tenemos que llevar a alguien que nos haga de traductor y nos leeran en qué consiste esto del casamiento en Ginebra. Después de ese día sí, y ya sí, podrán darnos cita para el matrimonio. De momento a ver qué tal es eso de la lectura del matrimonio. Continuará...