miércoles, 14 de octubre de 2009

El secreto de Mme García.

No sé qué me oculta nuestra conserje pero ya van tres las veces que he bajado hasta su piso para pedirle las llaves del maldito cuarto de la lavadora y no me abre.
¿Será un nuevo secreto de estado?¿El cataclismo zombie ha empezado?¿Lo ha hecho, precisamente, en nuestro maldito cuarto de la lavadora?¿No podía haber pasado ésto a mediados de Diciembre? Por decir algo...
Necesito hacer una colada si es que no quiero irme con mi ropita sucia a las antípodas. Que ya sé que allí tienen lavadoras pero no quiero que lavar mis calcetines sea mi prioridad cuando llegue.
Me voy, de nuevo, a probar suerte. Espero que no haya habido ninguna fuga radioactiva o peor, que la conserje ya sea la novia de Re-animator y tenga que encargarme de ella personalmente.



lunes, 12 de octubre de 2009

Momentazo histórico.

Hoy también se ha producido algo importante. Nada que ver ni con el patinaje ni con quedarse con el culo al aire en el monte. ¡¡¡Hoy he conseguido quedar con alguien que he conocido en Ginebra!!!
He quedado mañana con una chica del curso de inglés que hice. Se llama Stella y mañana hemos quedado para desayunar. No está mal ¿¿¿ehhhh???? Mi primer atisbo de vida social al margen de Marc. ¡¡¡¡Yujuuuuurrrllll!!!



Las cosas que pasan.

Me quedan cinco días para irme a Auckland. El total del vuelo son unas 27 horas aunque, con todo eso de los cambios horarios, me da que la realidad es que te pasas bastante más de un día entre vuelos y estancias anodinas en aeropuertos. Estoy empezando a prepararme para sobrellevar el trago lo mejor posible.
Este último fin de semana (último por ahora) lo hemos pasado tranquilamente.
El sábado nos fuimos a hacer turismo al Decathlon de Annamesse, que está en la vecina Francia, y ya tengo un saco de dormir compacto para hacer acampada en Nueva Zelanda.
Como el día fue lluvioso decidimos hacer "la tarde de la sopa" que es lo mismo que decir que te quedas en casa y preparas una buena sopa para alegrarte el cuerpo. Tranquilamente, vamos.
El Domingo amaneció con un sol espectacular y, cosa rara en nosotros, nos levantamos bastante temprano para aprovecharlo. Nos fuimos a desayunar y después nos fuimos a...redoble de tambores...¡Nos fuimos a patinar!
Por suerte en esta ocasión, Marc no se calzó los patines nada más salir de casa y nos acercamos hasta el lago para comprobar nuestros progresos.
Nuestro estilo es de esos que sólo a ratos parece competente. Por un momento puede parecer que hasta sabes patinar cuando de repente algo sucede y haces un gesto que te quita toda la dignidad que habías acumulado. Todo va bien y de repente empiezas a mover los brazos como un jilipollas o te medioarrodillas para subir una ligera cuestecita. Cuando te repones te das cuenta de que algunas personas a tu alrededor se lo han pasado en grande. Les saludas y ellos te devuelven el saludo con una sonrisa.
Siempre he pensado que lo que hace que algo sea cómico es la existencia de público por lo que cuando te pasa alguna pequeña desgracia tiene que haber alguien para verlo y descojonarse a tu salud. Siempre es así y por eso cuando te caes , te medioresbalas ridículamente o te quedas a cuatro patas lo haces cuando alguien puede verlo y no cuando no hay ni Diós. Y esto es así vayas con patines o no.
Es como cuando te paras a hacer pis en el monte. Siempre se da el caso de que llevas caminando un huevo de rato sin cruzarte con nadie hasta que decides adentrarte en el bosque para llevar a cabo la ardua tarea de quedarte con el culo al aire. Entonces, indefenso, empezarás a oir voces de gente que, mira tú por donde, pasaba por allí en ese instante. En ese momento, con el culo al aire, empiezas a pensar que quizá tu orientación no es la correcta y tu blanco pandero está enfocado hacia una zona de camino recóndito y desconocida para ti. La zona por la que caminan otras personas, puestas ahí instantaneamente para hacer de público. Tú público, si lo prefieres así.
No sé cómo he llegado hasta este punto...¿Será el vuelo que me espera?



viernes, 9 de octubre de 2009

El show de la pantera rosa.


Mi regalo de cumpleaños para Marc fueron unos patines en línea. Hasta aquí todo bien.
El primer día de estreno fue una tarde de la semana pasada en la que quedamos con Ilde para que nos diera las primeras lecciones.
Ilde ya sabe patinar pero algunos de sus consejos nos acojonaron un poquito porque, según su experiencia, lo más importante es aprender a frenar sin los frenos traseros y saber caer. En ese orden, claro está.
Todo ésto se lo habían enseñado sus amigos finlandeses por lo que Ilde ya no lleva los frenos traseros de goma y sabe caer al suelo como los gatos pardos lo hacen sobre los ratones. Por si alguién aún no lo tiene claro, sus amigos finlandeses son todos unos camicaces. Y punto.
Nosotros, Marc y servidora, hicimos eso que tantas vidas salva en esos momentos y que no es otra cosa que hacerse los longuis con los consejos del amigo. Que no estábamos para prescindir de los frenos y mucho menos para partinos la crisma contra el suelo. Con buena técnica, claro.
Marc, que es muy habilidoso, lo hizo muy bien y no se dejó ningún hueso en el intento. Servidora recibió sus patines como uno de esos regalos en los que no sabes si sonreir o echar a correr por lo que en cinco años no los había usado más que una docena de veces. Conclusión: no sé patinar.
Fuimos a patinar al paseo del lago y allí nos encontramos al bueno de Marco (aquel espía italiano de Roma).
Marco, quizá con más sentido común, no patina ni tiene intención de hacerlo porque le parece demasiado tortuoso aprender a estrellarse contra el suelo con buena técnica.
Marc y servidora esperamos lograrlo sin pasar por esas lecciones.
¿Y todo este rollo para qué os lo cuento?
Amigos, lo importante no es que Ilde se prestara a darnos nuestra primera lección. No.
Lo importante es el pasaje que ahora narraré.
Nuestras sesiones de patinaje sumaban la cantidad estratosférica de UNA y Marc, al estilo finlandés, decidió que en su segunda sesión (anteayer) ya podría salir de casa con los patines puestos. Como un profesional.
No conseguí disuadirle y el tío decide que llegar hasta el lago bajando por la inclinada Rue de Lyon será divertido y una buena manera de aprender. De aprender a hostiarse, pensé yo.
Con un sentido común que me honra, decido no sumarme a la locura y bajo pasito a pasito con los patines en la mano. Marc lo hace a mi lado con la técnica patinadora propia de quien se calza los patines por segunda vez. Pero persiste en su hazaña.
Ya en el primer semáforo, a 50 metros de casa, el sujeto tiene problemas para frenar a tiempo y no acabar atropellado y lo consigue echándose, casi literalmente, encima de una ciudadana china que inocentemente pasaba por allí. La china no dice nada aunque seguramente se acordaba de algún pariente de Marc.
Cuando llegamos a la altura del parque de la Rue de Lyon, Marc me recuerda a ese fantástico capítulo de la pantera rosa en la que una bruja le pone unos patines de los que no puede deshacerse. Para muestra:



Pues ahí iba Marc, haciendo eses mientras sus brazos dibujaban círculos repentinos en el aire. Como la pantera rosa. Igualito.
Yo me reía bajo una combinación de pensamientos entre "¡ay,qué risa!" y "¡joder que se mata!".
El momento climático llegó al final de la Rue de Servette donde se unen el tranvía, varios carriles de coches y uno de bici. La calle estaba bastante inclinada y Marc decidió soltarse de mi mano.
En una fracción de segundo sus eses se debaten entre hostiarse contra la tienda de discos o incorporarse a toda velocidad al carril bici. Sus brazos dibujan maravillosos círculos en el aire. A unos metros mi voz suena llamándole como si esa palabra fuera a detener el tiempo y evitar lo inevitable. Marc, cual pantera rosa, deja de agitar sus brazos, detiene sus eses y dibuja una figura parecida a la de la grulla durante el cortejo. Estira sus brazos cual torpes alas, separa sus piernas cual rana saltando a la charca y finalmente cae al suelo en una técnica que ningún finlandés daría por buena.
Creo que el próximo día bajaremos pasito a pasito pero está por ver. Os mantendré informados.

Celebración en Narderans.


Marc ya carga con "la edad de Cristo" y eso es algo que merecía un homenaje en condiciones.
Para celebrarlo nos fuimos al refugio de Narderans (en el Jura) y allí montamos una fiestecilla campestre con todo lo que eso conlleva.
De entrada, y que conste ya en acta, casitodos los invitados eran "trabajadores del CERN". Osea que todos eran espías. Y punto.
Todo el mundo tenía que estar preparado a las 17:30h aunque ya veíamos venir que a esas horas ni de coña íbamos a llegar todos al pie del monte. Nosotros, uséase Marc, Edu y servidora, no llegamos hasta casi una hora más tarde por culpa de una tortilla de patatas de diez huevos.
Por suerte sólo Sophie (una espía supuestamente francesa) era la única que se había personado de manera puntual y como es muy maja y educada no optó por asesinarnos a sangre fría y ocultar las pruebas (que esta gente de eso sabe un huevo).
El resto de espías, como era de esperar, llegó también con un horario más africano que suizo por lo que el ascenso con todos los bártulos y la comida no tuvo lugar hasta casi 2 horas más tarde de la hora convenida. Si es que...Ya se sabe que la puntualidad española deja mucho que desear.
¿Y por qué quedamos tan pronto sabiendo ésto?¿Por qué sólo la espía francesa había cometido el craso error de llegar puntual?
Amigos, quedamos a las 17:30 porque Jero (espía madrileño especialista en pasteles de la risa) así lo quiso. El bueno de Jero casi suplicó a Marc que cambiara la hora (de entrada más tardía) por una más temprana y así fue la cosa. El resto del grupo estaba compuesto por varios espías españoles, un canadiense y un italiano. Eran las 19:00 y Jero aún no había llegado.
¡Pero vamos! que empezamos a subir el monte y llegamos al refugio a una buena hora. Algunos iban más cargados que otros pero nadie sufrió roturas de espalda que se sepa.
El refugio resultó estar ocupado por un grupo de franceses que, muy majetes ellos, nos cedieron las brasas de su fuego para que cocináramos nuestra carne antes de que amaneciera.
Ya estábamos con el lío culinario medio montado cuando el bueno de Jero aparece por el monte.
La cena estuvo más que bien y todos tan contentos.
El refugio de Narderans está como lo están todos los refugios de por aquí: en perfecto estado.
La gente aquí es cuidadosa y deja las cosas limpias cuando se marcha, no rompe nada, no deja ningún regalo orgánico desagradable para el siguiente usuario...Igualito que en España, vamos.
La fiesta estuvo muy divertida y "la pasemos bien". Que de eso se trataba ¿no?
Comimos como cochinos, bebimos lo suyo, disfrutamos de la especialidad de Jero Pastelero y jugamos a esos juegos tontos que sólo juegas cuando estás un poquillo cocido (o un muchillo).
Al día siguiente llegó otro espía al refugio y se unió al grupo de valientes que después del cachondeo de la noche aún tuvo ganas de hacer una excursión.
Sobre la posibilidad de que la fiesta fuera en realidad una convención de espionaje no puedo aportar datos que así lo demuestren. Son todos unos profesionales y no es fácil pillarlos in fraganti hablando de Secretos de Estado. Al final Marc estuvo muy contento y como eso era lo más importante pues misión cumplida, como dicen los del ramo.

Moltes felicitats Marc!!! Per molts anys!!! :)

Por cierto, Jero llegó tarde porque dice que estuvo navegando en el lago con un tal Gonzalo. Lo que yo te diga...¡Eso no se lo cree ni Rita la Cantaora!

Chafardear las fotos del evento.


martes, 6 de octubre de 2009

Edu.


Nuestro querido Edu nos hizo una visitilla con la excusa de venir al cumpleaños de Marc.
Supuestamente Edu vive ahora en Madrid y, como el resto de tipos que conozco a través de Marc, es un ingeniero que también dedicó una parte de su vida al tema de movilizar las partículas y las flautas del acelerador (o creador de agujeros negros para los apocalípticos).
Como siempre, yo a lo mío y ya me pueden decir lo que quieran que para mi son todos unos espías. Y punto.
Yo me imagino que Edu ha sido destinado a Madrid en términos "oficiales" pero que en realidad puede estar en cualquier parte del mundo si es que tal cosa fuera necesaria. Más o menos como cuando yo le digo a Marc que cuando me habla por teléfono desde la "oficina" sé que en realidad está en Irak desactivando una bomba y que lo del rollo de que sale en "veinte minutos" es sólo una orden codificada para que lo trasladen a la base móvil desplazada allí y lo traigan de vuelta a Ginebra a través de un Agujero de gusano .
A veces llega tan cansado que aún pretende hacerme creer que es por "su trabajo" y no por las molestias fisiológicas que tales viajes le ocasionan. ¡¿Se cree que estoy loca o qué?!
Pues Edu es otro de los espías y ha estado por aquí para alegrarnos la existencia, además de con su compañía, con un surtido de ibéricos como regalo. Que todo se agradece en esta casa.
El motivo de la visita, como dije, era el cumpleaños de Marc aunque bien podría ser que lo que pareciera una celebración fuera en realidad una convención de espías en toda regla. ¡Que estaba aquello plagado de espías!
Al margen del cumpleaños-convención de espionaje (que merecerá otro fascículo abominable de los míos) disfrutamos de la compañía de Edu con cenas (también entre espías) y desayunos en algunas de las bonitas cafeterías que tiene esta ciudad. Todo ello sólo hasta lo que da de sí un fin de semana.
El bueno de Edu tuvo que padecer durante dos noches nuestro lamentable sofacama. Durmió a un metro escaso de nuestro catre, en nuestra habitación-comedor-salita, pero aceptó tan bien la precariedad de nuestra hospitalidad bárbara que incluso se diría que le encantaría volver a visitarnos. Nosotros le esperamos con los brazos abiertos, el sofacama preparado y la intimidad olvidada en algún cajón del armario. ¡Vuelve pronto Edu! Tu saps que t'estimem molt :)


10 días después.

Llevaba ya bastantes días sin ponerme a escribir y no ha sido, precisamente, porque no tuviera nada que contar. La verdad es que han pasado un montón de cosas desde que diera el aviso de que Mi Nueva Vida pasaría a ser Marc (a secas) y supongo que la única explicación que puedo dar es que, simplemente, no estaba con mucho ánimo para ponerme a ello.
Sin alarmismo excesivo, confieso que la semana pasada me sentía triste. Bueno supongo que es así como uno debe llamarlo aunque tampoco tengo muy claro que sea la palabra más acertada para definir una sensación que parece una combinación entre nostalgía por nada en concreto y apatía ligera por todo en general...
La verdad es que me encuentro bien y algunas de las personas que he conocido por aquí me han dicho que ese episodio es algo muy "normal". Que no tengo que preocuparme por eso, vaya.
Algunas de esas personas eran compañeros del curso de inglés que estaba haciendo y que, por cierto, también acabó el viernes de la semana pasada. El curso ha estado muy bien y, sin poder hablar de milagros, creo que mi inglés es un poco mejor después de todo. El ambiente fue muy agradable durante las tres semanas de duración hasta tal punto que la buena de nuestra profe se emocionó cuando se despidió de nosotros el último día.
Lo del fin del curso ha sido importante pero más lo fue la visita que nos hizo Edu el fin de semana anterior y, sobretodo, la celebración del 33 cumpleaños de Marc.
A ver si me pongo un poco al día y lo consigo sin matar a nadie por aburrimiento.