miércoles, 14 de diciembre de 2011

¡Japi Crismas tu yuuuu!

El descorciento se está apoderando de mí estos días. ¡Resulta que en nada es Navidad!
Salimos de nuestra humilde morada y... ¡PATAPUM!
Nos encontramos el interior del ascensor de esta guisa:


Llegamos a la entrada de nuestro bloque y...¡PATAPUM!
Un pequeño abeto surtido de bolas y espumillones aparece ante nuestras narices:

"¡OoOooOOOOOOohhh!!! ¡Árbol sagrado!"

Y lo más fuerte. ¡PATAPUMCHIMPUN!
¡Los de H&M han contratado al primo de Raphael para anunciar sus camisas de Nochevieja!¡Y qué precios, oiga!


Puro desconcierto...

viernes, 9 de diciembre de 2011

Y si yo fuera una heroina de las de verdad...

...podría ocuparme de unas cuantas cosas que, a día de hoy, aún nadie ha resuelto.

Podría, en primer lugar, concentrarme un poco y localizar las pertenencias robadas a mis padres hace unos días. Acto seguido y después de localizar con certeza milimétrica la ubicación de sus posesiones robadas, me concentraría en percibir las energías de las personas que ahora mismo se encuentran cercanas a las mismas. Podría sentir si esas personas son las que se atrevieron a mancillar nuestra casa con su presencia no deseada. Podría saberlo leyendo sus pensamientos y recuerdos cercanos en el tiempo. Y lo sabría pronto, sin duda.

Podría visualizar el lugar, las pertenencias de mis padres y, sobretodo, los nuevos propietarios. Quizá a estas alturas, tendría que visitar distintos lugares y más dispersos de lo que podría haber imaginado. Me llevaría más tiempo pero el tiempo no sería nada importante. Sería alguien con una paciencia infinita.

Si esas personas no fueron las que entraron en nuestra casa, poco me importaría el detalle, la verdad. Inspiraría profundamente hasta volatilizarme y, como pura energía concentrada, trasladarme hasta el lugar donde éstas se encontraran. Una vez allí podría, a mi voluntad, materializarme de nuevo en carne y hueso. Carne y hueso sólo en apariencia, claro. Nada en mí sería humano.

Una vez decidiera materializarme lo haría con contundencia. No mediaría palabras. No me importaría saber cómo ni cuándo ni quien les conectó con aquellas cosas que nunca debieron tocar. No me importaría porque, de hecho, ya lo sabría todo.
No hablaría. No haría falta. Recuperaría una por una todas las cosas y ninguna de esas personas se atrevería a explicar lo sucedido. Sentirían mucha vergüenza si así lo hicieran. Y si lo hicieran, sentirían mucho miedo y arrepentimiento por haberlo explicado.


Después de hacer justicia, regresaría entonces a mi casa para dar el pecho a mi hija y hacerlo con la serenidad que todos mis poderes me otorgan. Le diría: " Jone, mi vida, no tengas miedo. NADIE TE HARÁ DAÑO JAMÁS". Mejor todavía, no haría falta que le dijera tal cosa. Ella ya lo sabría.


A todas ellas.

A nuestras espaldas pequeñas heroicidades suceden cada día sin enterarnos.
Doblamos una esquina cualquiera en alguna ciudad sin nombre y una heroina anónima se escabulle entre las sombras. Una mujer ni alta ni baja, ni gorda ni flaca. Una mujer que por su aspecto no acertaríamos a imaginar los obstáculos que cada día sortea sin aplauso alguno. Miramos a nuestro alrededor sabiendo que algo no encaja pero, desgraciadamente, volvemos a nuestros quehaceres como despertando de un sueño que nunca llegó a serlo.
La heroina anónima prosigue su camino aunque quizá la fortuna y nuestra observación más calmada nos brinden la oportunidad de verla. Y así sucede. Ante nosotros aparece la mujer ni alta ni baja, ni gorda ni flaca. Nuestra heroina empuja con su mano izquierda un cochecito con un niño de poco más de año y medio. De su mano derecha brota una niña de cuatro años que, pese a sus torpes pasos, no empaña la estampa magnífica de nuestra heroina. Buscando su marca distintiva nos fijamos en su pecho y ahí, para nuestra última sorpresa, descubrimos un pequeño bebé de pocos meses de edad protegido por uno de esos macutos modernos. De sus hombros cuelgan además bolsas de plástico de esas que ningún modisto de alta costura aprobaría para salir a pasear. De ellas asoman un par de barras de pan y hojas de lechuga. Nada glamouroso, según parece. Sus ropas tampoco lo son. Sortea un paso de cebra y desaparece de nuestra vista sin dejar rastro.
Entre el tráfico y las luces de la ciudad sin nombre, me descubro ante esta mujer. Heroina anónima de nuestros tiempos.


domingo, 4 de diciembre de 2011

El reto de la muerte.

Ayer fue el día del reto de la muerte: el día de l'Escalade. ¿Sería capaz de superar el registro de la semana anterior? ¿Me alcanzaría el coche-escoba? ¿Sucumbiría al poder de las ancianas helvéticas?

Heme aquí antes del reto de la muerte. Fresca como una rosa de plástico del todo a cien.

Heme aquí después. Con el frescor y el plástico bastante deteriorado.

¡Y aquí después del después! Jone no entiende de retos de la muerte.


El reto de la muerte era bajar los 26:40 que hice con el bueno de Raúl la semana anterior y hacerlo sin uso de anabolizantes ni violencia.

Mi tiempo, queridos todos vosotros, fue de 25:50 "ooooOOooOOOOOOooOOOOOOHHHhh!!" y ni me tomé un GeloKatty ni tuve que empujar a nadie (bueno sólo un poquito...¡¡lo justo, vamos!!)
Por otro lado no tuve que enfretarme a ninguna anciana helvética ya que éstas corrían a horas distintas. ¡Y menos mal! Mirando los resultados, y por puro chafarderismo, descubrí que la ganadora de la categoría Femmes VI hizo 25:49,9. Todo muy bonito si no fuera porque la moza en cuestión es una corredora nacida en el año 1939. Se entiende, de nuestra era. Sentido homenaje desde aquí a la señora Gilda Fournival, una máquina de 72 años y un motivo de peso para seguir mejorando.

viernes, 2 de diciembre de 2011

¡¡Mañana a correeeeeer!!

Mañana se celebra la carrera de "l'Escalade" y yo con estos pelos.
El pasado domingo me fui con el espía Murillo a hacer un entrenamiento por el circuito de la carrera. Resulta que Murillo había quedado con Rodrigo (el espía de las lentejas) pero este último no se presentó a la cita por lo que el hombre se tuvo que conformar con sacarme a pasear como se haría con un perro cojo.
En alguna de las subidas solicité a Murillo que me abandonara a mi suerte (y así poder, casualmente, "morirme" en alguna cafetería del recorrido) pero el hombre, leal y sereno, se negó por completo y al final acabé el circuito para mi categoría en 26:4o. Unos 3 minutos más del tiempo que hice en la carrera hace dos años. ¡¡Y eso sin centenares de corredoras a mi alrededor entorpeciendo mi "avance"!!
Mañana el reto es bajar de esos 26:40 y hacerlo sin anabolizantes ni zancadillas a las abuelas suizas. Mujeres, por otro lado, de fortaleza insospechada. Curtidas al frío alpino. Héte aquí una mujer suiza cualquiera esperando el autobús a 3º centígrados.


Rivales así no se encuentran todos los días. ¡¡Tendré que esforzarme al máximo para conseguirlo!!