martes, 26 de enero de 2010

Y hablando de nieves...

Os recomiendo también algo de literatura de temporada:


Y aquí algunas de sus perlas:








Yo si me pongo, me pongo...

Ginebra también asusta.

El otro día, camino de la piscina, tuve un encuentro de lo más escalofriante.
La calle aquel día estaba llena de nieve, hacía un frío de tres pares y la gente estaba muy flamenca. Todo ésto ya os lo expliqué entonces pero lo que no os dije es que en la ventana de un edificio, a la altura del entresuelo, apareció de repente un ser diabólico que, a todas luces, me pareció la mismísima bruja avería en persona. La misma.


El ser diabólico de la ventana portaba una bata de cuadros y una melena grisácea de difícil adiestramiento o, dicho de otro modo, unas señoras melenas que ni Chiwaka tras sufrir un accidente en la cocina. Su piel era extremadamente blanca y sus ojos parecían dos canicas de cristal. Creo que además no tenía cejas y, aún hoy, no puedo acertar a definirla como bruja o brujo pues a estas alturas, creedme, aún no sé si se trataba de un hombre o de una mujer.

A todo ésto, yo me encontraba en la acera de en frente haciendo fotos de las nieves ginebrinas hasta que, en un momento dado, mis ojos se cruzaron con los suyos. Sólo entonces me di cuenta de que el ser diabólico movía los dedos de las manos de una forma que, dadas las circunstancias, era incapaz de definir pues no sabía si simplemente movía así los dedos por el frío o porque estaba a punto de dispararme un rayo maléfico con encantamiento incluído.

En ese mismo instante y por si las moscas, decidí aligerar el paso, eludir echarle una foto y esquivar sus rayos malvados que, de bien seguro, me habrían convertido, por lo menos, en algo tan horrendo como ésto:


Cosa que habría sido un triste final para un día tan bonito.

Una pinícula.

Hace tiempo que no escribo nada pero he pensado que, quizá para que sea más fácil el contaros algo, os podría recomendar una película que, mira tú por donde, me ha gustado bastante.
La peli en cuestión es Fast Food Nation y, lo confieso, la vi hace unos días a lo piratilla...

Ésta es su portada:


La película expone un aspecto tan típicamente americano como lo es su modelo alimentario y como éste se desarrolla mediante un sistema nada sostenible y de alto precio ecológico y humano.
Lejos de ser la típica historia llena de moralina y de respuesta inequívoca y santurrona al problema, la película expone una aproximación a la realidad desde múltiples y complejos puntos de vista sin catalogar nada como bueno o malo a simple vista. Algo muy distinto a lo que hace Michael Moore, para que me entendáis...
Creo que el guión es bueno y que sus personajes ofrecen puntos de vista heterogenéos y, seguramente en parte, desgarradoramente reales.
Os adjunto el link del film que, por cierto, está en versión original subtitulada pero confío que leer un poquito no os atormente demasiado y que no dejéis de verla. ¡Ya me diréis!

lunes, 18 de enero de 2010

La suerte.

La semana pasada hice un test de nivel de inglés para evaluar mis progresos y ubicarme en un nuevo curso. Finalmente, y contra casi todo pronóstico, la mejora es cierta y la academia me ha ubicado en sus cursos de Advanced. El curso se inicia mañana y es de dos días por semana.

El test de nivel fue el pasado viernes a las 16:30 pero al final salí de casa con el tiempo un poco justo. Muy en mi estilo...

A unos 60 metros de la parada del tranvía veo que mi tren se aproxima y me debato entre salir corriendo y arriesgarme a resbalarme con la nieve o perderlo y coger el siguiente. Al final, por estas cosas del orgullo absurdo, decido no amilanarme por una carrerita y salgo corriendo. Llego hasta la máquina de tickets e introduzco las monedas. Me equivoco y no enlazo con el ticket correcto aunque milagrosamente el tren sigue en el andén. Finalmente consigo mi billete, aprieto el botón de acceso a uno de los vagones pero el tren, después de parecer estar ahí esperándome, se marcha dejándome con la cara de tonta que todos ponemos cuando lo perdemos.
Miro el panel informativo y éste anuncia mi siguiente tren en 11 minutos. Demasiado tarde, pensé yo. Empiezo a autoflagelarme con pensamientos como "llego tarde sin hacer nada en todo el día porque soy un desastre de persona" mientras imagino la cara de la profesora británica al verme llegar al test 10 minutos tarde.
Al final miro otro panel y descubro que el tren que me iba bien no era el que acababa de perder (el número 16) sino el que debía llegar en menos de 2 minutos (el número 14).
Total, que lo que había sido una supuesta concatenación de mala suerte fue en realidad una buenísma suerte porque me habría metido en el número 16 y no habría ni llegado a hacer el test.

Cuando me metí en el tren bueno, pensé en todos esos pequeños detalles aparentemente insignificantes que permiten, sin saberlo, que todo salga bien. Pensaba en cuántas veces nos pasan esas cosas y en cuántas, sin darnos cuenta, todo parece obrar para llevarte a algún sitio o para evitarlo. Lo que llamamos la suerte y que, muy a menudo, no se descubre si fue buena o mala hasta que pasa un tiempo.

sábado, 16 de enero de 2010

El frío, la nieve y Joaquín Cortés.

Caminando hacia la piscina, y con la calle llena de nieve, me percaté de cosas tan extrañas como éstas:

- La primera es que hace un frío de tres pares.

- La segunda es que la gente se pone muy flamenca estos días.
La gente zapatea repentinamente mientras camina y cada uno lo hace a su estilo y ritmo. Unos lo hacen con toque militar (piernas estiradas y al frente), otros cual niño rabioso y otros que ni Joaquín Cortés en forma. Después me di cuenta que lo que la gente hace es quitarse la nieve de los pies como puede pero es una tarea tan absurda y costosa que mejor llevarlo con resignación.

- La tercera es que los niños dan más miedo de lo normal.
Si te fijas bien, todos los críos van armados con bolas de nieves o se arremolinan entre los matorrales para escarbar en el suelo y construir barricadas. Terrorífico a todas luces.

- La cuarta es que la gente lleva unos gorros que a cual más feo y soviético.Yo me los miro con una combinación entre ¡joder qué horror! y lo bien que me vendría uno de esos...

- La quinta es que también se forman unos charcos nauseabundos y profundos justo delante de los pasos de peatones y ni te cuento lo que cuesta saltarlos. Entre los zapateados y los saltos de longitud te pones en forma que tela marinera.

Lo confieso: empieza a gustarme de verdad.

¡Al agua patos!


Esta semana he incorporado una novedad en mi vida Ginebrina y he empezado a ir a la piscina municipal del barrio de Servette.
Pese a lo caro que es Ginebra (o eso parece) la posibilidad de ir a hacer unos largos es muy barata porque una entrada sólo cuesta 6 francos suizos. Unos 4 € en cristiano raso.
Antes de trasladarme aquí a vivir, iba un día por semana con Patri a la piscina de Sant Viçents dels Horts (San Vicente de los Huertos para los que no hablan catalán ni en la intimidad) y allí la entrada ya te costaba unos 7€. Osea mucho más caro que en Ginebra.
Conclusión: Ninguna...
Lo único que está claro es que mi cuerpo no está hecho para la flotabilidad y que nadar me cuesta una barbaridad. Lo de correr (que es de cobardes) no es compatible con la actividad acuática y mis piernas son una carga demasiado pesada en el agua.
El primer día cometí la osadía de meterme en el carril rápido para hacer un par de largos y cuando acabé tuve que retirarme a respirar compulsivamente a un lado.
¿Pero cómo es capaz la gente de nadar a un ritmo tan pausado y constante durante tanto tiempo? ¡Yo sólo hago un largo y me muero! Y nada de intentar enlazar con una segunda vuelta que la liamos...
Caundo salí del agua estaba mascontentaqueunaspascuas pero en el vestuario comprobé horrorizada que parecía haber envejecido unos 10 años porque me apreté tanto las gafas de buceo que sus marcas en mi cara no se disiparon hasta unas cuantas más horas más tarde. Cosas de ser novata y un poco animalita...

viernes, 15 de enero de 2010

Barcelona-Ginebra o ésto es un infierno...

Hoy se cumple una semana de mi regreso a Ginebra.
Mi bonita Suiza, como casi todo el resto de Europa, se encuentra cubierta de nieve y la culpa de este nuevo aspecto la tiene el temporal de frío que atravesó el continente hace, hoy también, una semana.
Saltándome el plan previsto, decidí terminar con Mis típicas Navidades y regresar unos días antes aprovechando que la llegada de dicho temporal a la Península no se había producido.
Antes de partir me fui bien prontito al SOCORRO que, para el que no lo sepa, es un puesto de recambio de ruedas de la ilustre Corbera de Llobregat (mi pueblo y lugar de residencia de mi familia). En el SOCORRO me cambiaron las dos ruedas delanteras y los limpiaparabrisas. Todo costó una mortaja pero no estabámos mi Skodi y yo para irnos a esos infiernos de frío con unas ruedas gastadas y unos "limpias" lamentables. ¡Seguridad ante todo!
Allí, en el SOCORRO, me encontré a mi hermano Asier.
Resulta que el pobre también necesitaba un arreglo de rueda de urgencia por lo que nos pudimos pegar un último achuchón antes de seguir nuestros caminos. Asier se fue a la Uni y yo me fui a visitar a Patri porque no podía irme a Ginebra sin verla por última vez.
Con mis flamantes ruedas y mis limpias de ensueño llegué a casa de Patri para desayunar.
Después fuimos a visitar a Helena, una amiga común que está llevando a cabo la heroicidad de tirar palante con 6 criaturas. ¡Y está divina la tía!
Total, que ya era casi mediodía cuando me pongo, ya en serio, a hacer camino a Ginebra.
Bueno, a la altura de Girona me paré para visitar a La Pili (la madre de Marc) porque la mujer me dejó un libro y no quería irme sin devolvérselo. La parada duró unos 15 minutos que es el tiempo en que se devuelve un libro y, después de varios "pero mujer que no hace falta", se acaba aceptando un paquete con comida diversa. Salí de casa de La Pili, puse gasolina y, por fin, estaba en camino directo a Ginebra. Mi destino final.
Llegué a la Jonquera a las 15:30 y ahí me quedé. Justo a unos 200 metros de la frontera que los malditos franceses habían cortado.
Me quedé detenida en la Jonquera durante 9 horas. Sí, 9 horas.
Lo bueno del tema es que con mi calefacción, mi gasolina y la radio (que funcionaba de coña) estuve muy bien y al final tampoco resultó muy terrible. Hacia las 23:00 un mosso d'esquadra (que por cierto, estaba muy bien) golpeó mi ventanilla y me ofreció un bocadillo, gentileza de Montilla, que yo acepté encantada.
Debo decir que no sobreviví todas esas horas gracias ni a los mossos ni a la gentileza de Montilla sino al salchichón que, por suerte, acabé aceptando de La Pili y que me comí a mordiscos que ni en tiempos de guerra.
Con mi calefacción, la radio y el salchichón era feliz.

En la radio pude oir historias tan grandes como la de una mujer de unos setenta que estaba harta de que su nuevo amigo le contara marranadas sexuales... Ella hablaba de este hombre, un abuelete de otros setenta, en términos de amigo porque "ella ya no quería más que un amigo para charlar y viajar y no quería saber ya nada del sexo" pero aún se veía con él y mantenía largas conversaciones donde se intercambiaban las "marranadas" con "oye que el sexo no me interesa". Algo parecido a ésto:

Y la mujer diciendo: ¡¡Detente mamarracho!!

Todo junto hizo que perdiera toda esperanza sobre la idea de que envejecer proporciona más madurez y tranquilidad al espirítu. La cosa sólo va a peor, definitivamente.

También me preguntaba, mientras miraba por la ventana y la nieve no paraba de caer, qué sería de nosotros si realmente hubiera un cataclismo de los de verdad. Estar en ninguna parte, atrapado y sin mossos de esquadra majetes ofreciendo bocadillos.
Hacia las 24:00 nos movimos unos metros y ofrecí el sitio de mi copiloto a una pobre mujer que se había pasado todo ese tiempo sin calefacción por culpa de una avería en su coche. La dichosa batería estaba muerta y los gendarmes (muy majos también) estaban intentando arreglarla.
Al cabo de un rato la mujer abandonó mi Skody y, por fin, los franceses abrieron la frontera...
Estuve conduciendo una dos horas con las autopistas limpísimas y casi en solitario pero me tuve que parar a dormir en una estación de servicio. Paré el coche entre dos camiones polacos.
La idea era parar sólo una hora pero al final dormí 5 por lo que la carretera , a las 8:30 de la mañana, ya no estaba limpísima ni solitaria. Estaba nevando.
Me comí el bocata de Montilla (que era de queso) y seguí con mi camino.
La carretera estaba como el culo y perdonad por la expresión.
Mi limpiacristales izquierdo se quedó misteriosamente parado en posición vertical por lo que no limpiaba nada. Por suerte el limpia derecho iba de fábula y podía ver algo.
Me pasé 2 horas a 30 km/h planteándome seriamente mi llegada satisfactoria a Ginebra en esta década.
A todo ésto añade a los que yo denominé, y perdonad de nuevo por la expresión, los Malditos Hijos de Puta y que no eran otros que los zopencos que preferían ir adelatando por el carril no habilitado y lleno de nieve aún a riesgo de provocar un accidente. Uno de estos MHP dió tres trompos justo delante mío. Juro por Diós que tener un AK-47 me habría venido muy bien para darle su merecido...


Lo peor, no obstante, se produce cuando el limpia detenido vuelve a moverse para chocar en tres ocasiones con el limpia trabajador. Lo suficiente para que mis limpias, ambos, se vayan al garete y me quede más ciega que un gato de porcelana.


Decido meterme en una estación de servicio y llamar a Marc para anunciar mi suicidio.
Él me sugiere que llame a atención en carreteras pero no me resulta buen plan porque nevaba muchísimo y allí sólo me quedaría atrapada. La grúa no llegaría en un montón de horas y los quitanieves no pasarían a desenterrar a los cabezamelones que, ya sepultados por la nieve, decidieron parar a tomar un café con la que caía.
Decido continuar el viaje y ver si puedo llegar a Lyon para arreglar los limpias.
Arranco el coche en la estación de servicio, circulo unos metros y....!bacummmmm! mi Skodi impacta con lo que se suponía un bordillo que, oculto bajo la nieve, estaba allí puesto para amargarme la exitencia. Mi Skodi se había quedado atascado. Ahí, lo confieso, se me saltan unas lágrimas pero salgo del coche, y de nuevo perdonad por la expresión, cagando hostias para buscar ayuda. Entro en la cafetería y, con mi francés de Atapuerca, les digo a unos franceses que si me pueden ayudar. Los tíos, muy franceses, dejan sus patatas fritas y sus refrescos y me empujan el coche hasta que mi Skodi vuelve a ser libre. Les doy un millón de gracias.
Vuelvo a la autopista y milagrosamente nieva muy poquito de tal forma que los copos ni tocan el coche y puedo ver sin problema. Decido circular, circular y circular hasta que llego (después de varias horas) a Suiza.
Los suizos de los cojones, y perdonad mi expresión, llevan neumáticos de invierno y conducen a toda velocidad mientras tú lo haces como puedes y sin limpias. Lo malo era que cada vez que me adelantaban el cristal se me ponía hecho unos zorros y no veía nada...
Al final llego al CERN, lugar de espionaje en realidad, me reúno con Marc y decido que cojamos el autobús hasta casa. El Skodi se quedó allí aparcado y allí sigue, cubierto de nieve y sin limpiaparabrisas.
Aunque Marc no me dijo nada yo creo que mi aspecto era como el de esta macaca.


Igualita pero saliendo del Skodi...¡¡¡Aaauuuuuurghhh!! ¡¡Dame una sopita!

martes, 12 de enero de 2010

Ahora que me apetece.

Ahora que me apetece he decidido continuar este despropósito aunque, lo confieso, no sé ni por dónde empezar.
La última vez que escribí Marc estaba a punto de aterrizar en Auckland y las Navidades, aunque cercanas en el tiempo, me parecían tan de otro planeta como extraño le podría resultar a un pingüino amanecer en el desierto.
Los días se sucedieron y ya me encuentro en Ginebra que, para el que no vea las noticias o se encuentre en una cueva muy profunda, está tan llena de nieve como el resto de Europa.
Llegar hasta aquí tuvo su qué y ya que "pasé lo mío" os lo contaré en uno de mis fascículos eternos. Quizá hasta os haga reir y con ello forjaré un recuerdo suavizado de lo sucedido como quien cuenta un chiste en una cena entre viejos amigos.
Nuestro viaje por Nueva Zelanda estuvo más que bien, mis Navidades han sido "Mis típicas Navidades", mi retorno a Ginebra fue toda una aventura Siberiana (afortunadamente sin cosacos de por medio) y ahora mismo me encuentro "bienagustito" en ésta, mi pequeña soledad Ginebrina.
Creo que no se puede pedir nada más ¿no?